20/03/2010

Tucumán

La lucha de un hombre contra las baldosas flojas un día de lluvia

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"Monoblog" hace su aparición en la sección con algo muy común en las veredas tucumanas y que nos pasa a todos: esquivar las baldosas flojas luego de un día de lluvia. En esta nota denominada "Charquito", su autor, Julio Coronel, cuenta las peripecias que le demandan caminar sólo 7 cuadras intentando esquivar la “zona minada”.

 

Si Tucumán no es una de las ciudades con más baldosas flojas en el mundo, seguro que ocupa, al menos, el top ten.

Hace tres días que, como diría Fernando Pazos, la nubosidad es variable y la humedad va en aumento. Llueve que te llueve nomás.

Entre mi casa y el trabajo hay apenas 7 cuadras de distancia. Siempre cambio el recorrido pero la suerte es la misma. Caminar sobre un campo minado debe ser, imagino, un tanto más complicado que llegar hasta mi sofá, pero la tensión es la misma. Calcular con precisión cada pisada se volvió un arte para cualquier tucumano. Sólo hace falta levantar la mirada para sentirse acompañado en el pesar.

Hace unas horas regresaba en busca del almuerzo. Llevaba cuatro cuadras invicto. Pero me confié demasiado. Crucé 25 de Mayo y mi tobillo izquierdo acusó el primer golpe. "Mierda, aunque podría haber sido peor", me alenté.

Cuanto más me acercaba, la presión iba in crescendo. Esquivé el rojo de Laprida y encaré hacia Marcos Paz. Error. Ni bien puse un pie en la nueva ruta la cosa se emparejó. La derecha, hasta la rodilla.

De todas maneras, nada podría detenerme ya. Estaba tan sólo a metros y, como me susurraban los Beatles al oído: "all you need is love". Saqué mis llaves y otra vez lo mismo.

Subí las escaleras, vacié mis bolsillos y apenas alcancé a decir "hola". Cálidamente me respondieron: "¿Cómo te fue?". "Bien, todo bien", aunque por dentro me remordía. "0-3, la puta que lo parió..."

 

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