Miles de australianos fueron obligados a abandonar sus hogares debido a inundaciones sin precedentes que aislaron pueblos enteros. Las precipitaciones amenazan con anegar las carreteras.
La policía ordenó a los 3.800 habitantes del pueblo de St George, en el norte del Estado de Queensland, a evacuar sus viviendas mientras las aguas del río Balonne alcanzaban niveles récord, amenazando con cortar la única ruta terrestre de salida.
La primera ministra Julia Gillard envió un avión de transporte militar Hércules C130 para trasladar a los pacientes del hospital de ese pueblo a otras instalaciones médicas de la costa, y el hogar de ancianos también fue evacuado.
Ocho helicópteros de defensa ayudaban a las operaciones de búsqueda, rescate y aprovisionamiento en la zona inundada, llevando a los vecinos a lugares seguros y lanzando alimentos, cobijas, suministros médicos y artefactos fundamentales como generadores