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Carta abierta a Alvaro José Aurane

[ 18 de Septiembre de 2012 08:43 ]

Pablo Hernán Jeger responde una nota del periodista de La Gaceta, cuestionando sus dichos sobre la marcha opositora del pasado jueves.


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Sr. Alvaro Aurane:

 
Refiriéndose al periodismo de opinión decía el escritor y periodista Albert Camus que “la verdad no debe impedir la toma de partido”.
 
Probablemente coincidirá Ud. conmigo en lo imposible de la objetividad en casi todos los órdenes de la cultura en tanto creación del hombre.
 
He leído su nota del viernes 14 en el diario La Gaceta, titulada “Los veraneantes del invierno del descontento”  y me permito, en primer lugar, disentir con una serie de subjetividades que expresa a lo largo de la misma.
 
Lo hago reconociendo desde ya que tanto la toma de partido como la subjetividad son lícitas en el periodismo aunque a veces esta última carezca de un mínimo de sustancia del objeto. Me parece que quizá sea este el caso de varias de sus afirmaciones.
 
Sólo por citar los ejemplos más notorios diré que lo de “nacional y popular”, referido a la protesta del jueves 13 me parece un caso más que evidente de ese exceso de subjetividad.
 
Si lo de “nacional” tiene que ver con que aquélla se desarrolló en muchas plazas de casi todo el país, la protesta lo es del mismo modo en que los medios de comunicación porteños llegan a todos lados o existe una red de consular para los italianos residentes en nuestro país. Pero no veo que comprar dólares para turismo, ahorro o fugar divisas pueda ser algo muy vinculado a los intereses de nuestra Nación como tampoco lo es quejarse por la falta de artículos importados de diversa naturaleza.
 
Si lo de “popular” viene por las importantes concurrencias en esas plazas, debo decir, más allá del número (pero también por él) que quienes las ocuparon eran minorías.
 
Minorías son frente al 54,11% de las voluntades que hace menos de un año eligieron un gobierno al que aquéllas salieron a repudiar. Minoría son los que tienen problemas para comprar para alguna de las actividades que mencioné arriba y mayoría los sectores que nunca vieron ni uno de esos billetes. Así, hacer turismo internacional, ahorrar en moneda extranjera o fugar divisas al exterior no son aspiraciones para nada “populares”.
 
Con esto no quiero desacreditar de ninguna manera la opinión de las minorías. Cualquier país con pretensiones de pluralismo debe escuchar a las minorías y satisfacer sus demandas si ellas son razonables y compatibles con el bien común del conjunto.
 
Los problemas para poder viajar al exterior son reales y no todo es turismo. Aunque escasos, están los profesionales que deben viajar por razones laborales o académicas y que han tenido serios inconvenientes para hacerlo. También por citar casos típicos diré que hay personas que se desplazan por razones estrictamente familiares y que han sufrido por ciertas restricciones por todas conocidas.
 
Las restricciones a las importaciones también son causa de descontento en muchos casos justificado.
 
La más que probable desactualización de los mínimos no imponibles en la 4ª categoría del impuesto a las ganancias es otra razón atendible en ciertas capas de la sociedad.
 
Podría Ud. haber analizado razonablemente estas cuestiones y así  su relato hubiera transitado por mejores caminos.
 
Pero no. Prefirió Ud. transitar los caminos del relato épico como cuando algunos osados probablemente bajo los efectos de alguna sustancia perturbadora del la razón difundieron aquél retrato de Julio César Cleto Cobos símil Gral. San Martín.
 
Camus fue también quien dijo: “la verdad es como la luz, ciega. La mentira, por el contrario, es un bello crepúsculo que pone cada objeto en valor”
 
Ese tono crepuscular fue el que le permitió a Ud. ver y mostrar ciertos problemas como propios de los sectores caceroleros cuando en realidad pueden ser considerados más como propios de otros sectores de la sociedad.
 
La inflación, cuya mayor incidencia son sin duda los alimentos, es un problema que sin ninguna duda afecta mucho más a los sectores de menor poder adquisitivo.
 
La falta de seguridad se refleja especialmente en los barrios que albergan a la capa de nuestra sociedad de donde salen no sólo las víctimas fatales del delito sino también sus victimarios y los miembros de fuerzas de seguridad que deben reprimirlo.
 
La sensación de  inseguridad que aqueja a muchos caceroleros es especialmente mediática (“nacional “ diría Ud. si considera como tal a los medios porteños que por un tubo bombean a las provincias la sangre que se derrama en la ciudad autónoma y en el gran Buenos Aires). Y para los que como Ud. demandan a cada rato estadísticas confiables, nadie ha presentado aquellas que indiquen un agravamiento del problema.
 
De tal modo, mal pueden los sectores que se manifestaron embanderarse tras estos dos reclamos como no sea en búsqueda de generalizar el descontento que existe pero por otros motivos.
 
Me parece que a esta altura del partido estamos saliendo ya del terreno de la subjetividad.
 
Y esto porque queda todavía en ese espacio dudoso la observación de si su mención a la legalidad y la justicia es parte de la subjetividad cuando en nuestro país son cada vez más los jueces que se designan a través de exigentes mecanismos de selección y son controlados por un consejo plural.
 
Esa justicia cuenta con la garantía que puede ofrecer  una Corte Suprema cuyos miembros son sinónimo de excelencia y fueron designados tras procesos cuyo rigor y transparencia son inobjetables. Su independencia y capacidad relucen aún más cuando se la compara con la corte adicta del impresentable Nazareno y el aristocrático Moliné O’Connor.  Digo esto porque hay que ver también de dónde venimos y no olvidar nunca que no hace tanto en nuestro país no pocos funcionarios judiciales (jueces y fiscales incluidos) toleraban y permitían la tortura y hasta las detenciones clandestinas.
 
¿Considera Ud. Sr. Aurane que quienes caían en manos de tales individuos estaban seguros jurídicamente?
 
Apelo a la memoria para recordar el pasado nada lejano de donde provienen muchas de las falencias subsistentes y que ahora Ud. lamenta.
 
La mayor seguridad jurídica que haya existido en nuestro país es aquella de la que gozan desde hace ocho años los genocidas y sus cómplices en cada juicio en el que son juzgados por los delitos más aberrantes que registra nuestra historia como  país. Las garantías de debido proceso son las más amplias que nadie hasta aquí haya tenido lo que incluye constantes revisaciones médicas a cargo de equipos especializados.
 
Me (le) pregunto  Sr. Aurane: ¿Puede ser todo esto considerado objeto de tanta subjetividad?
 
De ser así, esto es lo último que con excesiva buena fe de mi parte puedo considerar como subjetivo de la suya.
 
Porque lo que sigue de aquí en más es difícil no considerarlo mentira.
 
Conociendo perfectamente que en el discurso presidencial la palabra “miedo” no fue de ninguna manera usada pensando en el conjunto de los argentinos, Ud. (como otros colegas suyos) la ha sacado de contexto para poder decir que quienes debían temer a la Presidente eran los 40 millones de argentinos.
 
¿O no conoce Ud. el contexto en el cual la Presidente hizo alusión al “miedo”?
 
Albert Camus dijo en una ocasión que “Un diario independiente da el origen de sus informaciones, ayuda al público a evaluarlas, repudia el relleno de cráneos, suprime las invenciones, compensa con comentarios la uniformidad de las informaciones y sirve a la verdad en la medida humana de sus fuerzas. Esta medida, por relativa que sea, le permite al menos rehusarse a aquello que ninguna fuerza del mundo podrá hacerle aceptar: servir a la mentira.”
 
Estaba en la medida humana de sus fuerzas (audios disponibles en la web) saber cómo y a quiénes se refería con lo del “miedo”. Pero Ud. prefirió decir que se  pretende someter al pueblo por el terror y eso es, lisa y llanamente, mentirle a la gente. ¿O acaso Ud. simplemente repite lo que dicen otros sin analizar las fuentes aun cuando ellas están a su alcance?
 
Esto es como cuando jóvenes estudiantes de ingeniería podían ir presos por tener en sus bibliotecas algún libro titulado “La cuba electrolítica” o “Bombas hidráulicas”. Así,  ciertos comunicadores (no pueden ser considerados periodistas) se toman de cualquier palabra o expresión para meter fichas a una máquina cargada no con miedo sino con odio y mucho resentimiento y que busca cualquier pretexto darle rienda suelta a ambos sin tener que admitir las razones que los originan, absolutamente retrógradas ellas.
 
También sabemos del terrorismo informativo como una fuente del miedo pero pocos parecen notarlo como pocos dicen que a seis años de la desaparición de Julio Jorge López y luego de la muerte de Silvia Suppo los que sí pueden sentir miedo con justa razón son muchos testigos de la justicia que han sido amenazados y hasta agredidos por la patota aún en actividad.
 
Pero pregunto:
 
¿Los periodistas tienen miedo? ¿No se despenalizaron acaso las calumnias e injurias en casos de interés público? Ud. sabe que puede hablar del vicepresidente Boudou como si ya estuviera condenado aunque ni siquiera esté imputado. Si se equivoca, hay una ley de hace menos de tres años que despenalizó las calumnias e injurias en casos de interés público. Está perfecto que así sea. Pero también sería bueno que alguna vez los periodistas dijeran: “Disculpen. Me equivoqué”
 
La justicia probó sobradamente que no hubo funcionarios públicos implicados en el fraude del caso Skanska. Pero no hubo ningún mea culpa periodístico.
 
¿Tuvo miedo Fontevecchia a la hora de mandar a hacer la tapa misógina de la revista Noticias que los principales medios evitaron analizar y comentar?
 
¿Tuvo miedo la gente que convocaba a la manifestación con mensajes agraviantes?
 
¿Tuvo algo a qué temerle tanta gente que concurrió a las manifestaciones del jueves último?
 
¿Algún manifestante fue provocado, agredido o reprimido durante las mismas?
 
¿Los grupos de manifestantes que cantaban consignas del calibre de: “andá con Néstor la puta que te parió”,  estaban quizá con esto reaccionando ante el miedo?
 
Y dado que su artículo abunda en pormenores y datos de la intimidad del quincho alperovichista concluyo que su conocimiento de las voces de la calle (absolutamente públicas) y de la realidad tucumana seguramente le permitirá negar rotundamente que, al margen de honrosas excepciones, nuestra Plaza Independencia estaba ocupada por los antiguos electores del genocida Bussi; por los que se oponen a la libertad para elegir parejas, o para adecuar identidad a sexualidad; por los que impidieron también con cacerolas la realización de la jornada sobre protocolo de atención de los casos de aborto no punible por parte del SIPROSA; por los que dicen que los “negros” se chupan la plata del plan trabajar y las  “negras” paren para poder cobrar la Asistencia Universal por Hijo; por los que quieren que los “bolitas” se vuelvan a su país; por  los que con sus ofensas fuera de toda calificación obligaron a que su diario, La Gaceta, cerrara el acceso a los comentarios de la noticia de la muerte del joven Joaquín Jiménez.
 
Digamé que me equivoco. Que no estaban todos ellos el jueves en la plaza.
 
Porque la síntesis de todo eso no es república como Ud. pretende.
 
La cosa es pública cuando somos incluidos todos. Esta gente lo que quiere es un país para unos pocos.
 
Estos son nuestros indignados. Indignados por la libertad que ellos usan pero que consideran excesiva cuando llega a otros que no se la merecen.
 
Hace 25 años Fredy Rojas caminaba al encuentro de la propia muerte. Con su actitud y su sangre el joven taficeño defendía la débil democracia que permitía votar por los genocidas. Él sí consolidaba la república. El sí debe haber sentido miedo.
 
Dijo otro Nobel de Literatura, el peruano Mario Vargas Llosa: “Para el periodismo o la historia la verdad depende del cotejo entre lo escrito y la realidad que lo inspira. A más cercanía, más verdad, y, a más distancia, más mentira.”
 
Por favor Aurane:  no hable de miedo. No mienta. O, en todo caso, no diga que hace periodismo.
 
Sin más.
Pablo H. Jeger
DNI 14.225.505
 
Las palabras de Cristina Kirchner: 

 

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