La vi entre todos los que hacían cosas
sobre la arena del camping, al lado del mar.
Caminaban...
Iban y venían con objetos en la mano y, decían palabras.
Se sonreían bajo la mañana del invierno,
Acampábamos bajo el desmadre.
Días de luciérnaga.
Como el frío y como el despiece
de los estados de ánimo,
como un robot que sabe manejar
una historia de vidrio
con miedo y con fiebre.
La vi entre todos los otros
que se transformaban en nada
sólo porque estaban al lado
suyo.
Las canciones en el fogón
comenzaron a sonar desafinadas
como a través del agua para mí.
Le agradezco que haya jugado
conmigo, porque en
el fondo (lo supe después)
yo era inofensivo.
A nadie se podía
herir con un cuchillo que recién estaba
tomando forma.
por eso
le agradezco que
haya abusado de su poder.
Si alguien
se cuida de enceguecer con su luz
es mezquina.
No tiene derecho
de no enloquecerte.
Nadie puede permanecer
Estática
si un aprendiz de cazador
tira una flecha y no le pega.
Así eran las cosas en la ciudad
Sábado.
Un continuo dormir con
heridas inventadas para vivir con alguien que sabía
cómo manejar el bisturí.
La vi entre todos peinándose en la mañana
y me perdí para siempre
y...
fue como descubrir
a una estrella entre cientos de pálidas
aspirantes a Águila.
Pensaba...
que mi obsesión era algo que podía operar en la realidad.
Un poco fue así...
y otro poco no.
Lo que yo quería no sucedió. Quizás por
propia voluntad,
Quizás la verdadera magia fue la pérdida,
porque esa
Pérdida aún me acompaña
y ella no.