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El principio

[ 20 de Octubre de 2012 ]

El escritor Héctor Cabot presenta en forma inédita en ELDIARIO24.COM un nuevo relato dedicado a Alejandro Ruidrejo y Belinda Ruiz.

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Todos los sábados, www.eldiario24.com presenta en forma inédita una serie de relatos del reconocido escritor, poeta y profesor tucumano Héctor Cabot. Hoy "El principio", ganador del primer premio en el XIX Encuentro Nacional de escritores “Manuel Aldonate”, celebrado en el año 2004 en la localidad de Monteros: 

A Alejandro Ruidrejo.

A belinda ruiz.

La noche es generadora de silencio, casi aforístico.

Belinda mira el balde, a medio llenar ya, puesto debajo del grifo de la esquina, mientras el otro, en el suelo junto a su pie derecho, espera el turno de llenado para volver luego, con los dos salpicando la calle de tierra de profundos huellones hasta la casa  en el barrio Belgrano, tan pobre en su conformación como el héroe que en este 20 de febrero pasó tan desapercibido para las autoridades que en sus preferencias figuraba, para esa fecha, el corso. Barrio Belgrano, frente al cementerio divisado en penumbras desde el inicio de la lomada, no bien se cruzan las vías.

- “Todas las cosas son agua”.

Había dicho el profesor de filosofía durante el examen en el instituto, en el inicio del verano y esa frase estaba ahora recién salida de su memoria, parada ahí frente al caño. Tales de Mileto era el referente de esta frase supuestamente suya.

- ¿Qué habrá querido decir Tales? Le preguntó el profesor esa vez.

Belinda se lo vuelve a preguntar ahora, volviendo a su casa para volcar el agua acarreada al tacho, otrora de combustible que aún conserva la sigla de Y.P.F. acaso como una cohesionada nostalgia del tiempo de su padre trabajador de los pozos petrolíferos, devenido luego en un incipiente verdulero y al final la desocupación y la muerte arrebatándolo de esa depresión. Y ella es un Plan Trabajar y estudiar de noche Formación Ética y Ciudadana.

- El agua es el principio de toda la formación y la disolución. Contestó en el examen.

Y lo recuerda ahora, volviendo hacia el grifo, la mirada derramada en el paredón del cementerio, apenas iluminado por el vaivén del foco que cruza la calle mientras siente que, efectivamente, se disuelven sueños y esperanzas, sólo lleva el calor de este febrero que le mueve los pasos en el acarreo del agua.

La noche está llena de estrellas mensuradoras.

Otra vez frente al grifo, repitiendo el movimiento, bajo esos astros de armonía elemental que pueblan el cosmos; son las legendarias divinidades, en el misterio taciturno que inundan la vida de Belinda, que en medio de la noche una y múltiple, le enciende su sonrisa abierta con todos los dientes blancos tan luminosos en derredor de su piel morena como las viejas luces nocturnas.

Belinda es la proyección del fluir del agua.

Mira el cielo intrigada por el eclipse anunciado y sus ojos son puros lirismo en esa dimensión de tantas inquietas interrogaciones. Mira los signos del mundo, el de la primera y la última pregunta sobre la cosmovisión generosa y solidaria de Tales de Mileto y se siente Belinda de Belgrano.

- ¡Vaya no más, Belinda, tiene un diez!

          Filosofía, esa transparencia enigmática sin pesadez, con nutrición vivificante, ella le había entregado el movimiento de lectura que ahora era puro contagio, lejos del resplandor tecnológico, Belinda iba y venía acarreando agua, sin ninguna navegación informática.

La luna es un redondel que espera desiderativamente esa anunciada copulación con el sol.

Belinda busca las Tres Marías como una necesidad comunicativa con la infancia y las encuentra sobre los cipreses que se van en perspectiva hacia la cruz mayor del cementerio. Las Tres Marías representaban los tiempos de misterios revelados en los propios juegos que se discutían en los atardeceres en esta misma calle, calculando trayectos y distancias para unirla con las otras figuras que revelaban las estrellas. Los juegos y los astros les daban a Belinda y a sus amigos la verdad sin interferencia que ofrece la niñez aprendida de pobreza en pobreza.

Había en las calles del Barrio Belgrano una  filosofía de niños con respuestas cuyas certezas están hoy lejos de esta estudiada y aprobada filosofía.

Belinda con sus baldes pretende entrar en una atemporalidad nutritiva.

- ¿Y de Heráclito, qué sabe?. Fue otra de las preguntas.

Entre el enigma nocturno del incipiente eclipse reaparecía el examen. Y piensa en ese logos tan desposesionado de la justicia con ella transformada en un objeto acarreando agua somnolienta.

- El hablaba de la incompletud, profesor, de la fugacidad. Le había respondido.

Belinda tropieza y se cae derramando el agua que se mete en los vericuetos de la calle de tierra. Se levanta, vuelve al grifo de donde el agua fluye, llena otra vez los baldes y regresa pensando en la famosa frase de Heráclito sobre el baño y la corriente y camina hacia el tacho de su casa y luego caminará de vuelta al grifo con el agua que la forma y la disuelve.

El agua que le mensura su misantropía.-

Puede leer su anterior relato haciendo click AQUI. 

 

* Héctor Cabot nació un 24 de noviembre de 1944 en San Miguel de Tucumán. Héctor Arturo fue el nombre elegido por su padre, una complicación de salud, en ese día, hizo que el mismo, como promesa, le agregara el Juan de la Cruz, de donde surgió la vena poética, alimentada luego desde el lugar de los juegos con Marta, una chica adolescente que trabajaba en la casa de familia, quien le enseñó a leer antes de ir a la escuela, en un comedor, a la hora de la siesta tucumana, que fue el lugar para componer ficciones en las que enhebraba “voces de su historia personal sino la de su entorno, el más cercano, el socialmente histórico tanto el tangible como el más remoto” como bien lo dice la escritora Liliana Bellone.  

Primaria en la escuela Alberdi, secundario en el Gymasium Universitario, docente de letras en el Instituto San Miguel.  

Luego, el casamiento, el primer hijo. la radicación en Tartagal, siempre el norte como el lugar de las travesías de sus personajes. Carrera docente, profesor, rector de nivel medio y terciario, director de Educación Superior de  la Provincia de Salta. Cuatro hijos, una fallecida. Jubilación y su vocación primaria a pleno: SER ESCRITOR.  

Publicó varios libros entre relatos, poemas y novelas. Ángeles, matacos y demás deudas, en 1991, es el primero en colaboración con sus hijos Pablo y Daniel. Luego siguieron: La grafía de los tártagos (poemas) en 1993; La flora y la fauna (nouvelle) en 1995; Traqueteo de la memoria (cuentos) en 1997; En el refugio de los sueños olvidados (novela distinguida en Salta con el segundo premio) El viaje de vuelta (novela galardonada con el primer premio en la provincia de Salta ) en 1999; Ya nada es ausencia (cuentos primer premio Clara Saravia Linares de Arias) en 1997, La soledad de la sangre (novela) en 2005: La canción de Trilce, (novela) en el 2007. Sus libros inéditos son El infinito revés de tiempo (poemas) Silenciosamente como aquí( cuentos), Las veredas (micros relatos) y se acaba de terminar una nueva novela sin nombre definido aún.  

Figura en antologías como Poesía 94 en Temperley (Buenos Aires); Decir la primavera en Campeche (Méjico) y Antología de poesía y narrativa breve en Salta.  

Tuvo premios en Salta capital y en Orán, Joaquín V. González, en Metán,  en Tucumán, en Temperley.

 

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