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Video: las 10 películas más pesimistas sobre el futuro

[ 28 de Octubre de 2012 07:50 ]

La mayoría de las películas de ciencia ficción, desde el comienzo del cine, imaginan un porvenir signado por la tragedia.


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Hablar sobre el futuro pasó a ser tan importante para nuestra sociedad que hay más de un género que se dedica a él. La ciencia ficción, sin embargo, se convirtió en el género más popular que trata del futuro y de presentarlo, casi siempre, con una mirada pesimista.
 
Metrópolis (1927), de Fritz Lang.
 

La película alemana es una precursora del cine de ciencia ficción. Imagina las trágicas consecuencias que tendría la exacerbación de la sociedad industrial, con trabajadores explotados y dominados por las máquinas. Hay una rebelión, pero la situación se resuelve con un acuerdo entre obreros y patrones, que se ilusiona con la posibilidad de un gran acuerdo social.
 
 
El mundo, la carne y el diablo (1959), de Ranald MacDougall.

 
“Es sobre el fin del mundo luego de una guerra nuclear. Hay un sobreviviente: un afroamericano que había quedado atrapado en una mina y que cuando sale no encuentra a nadie. Hasta que descubre a una mujer blanca, en una época en la que todavía existían las leyes en Estados Unidos que separaban a las comunidades étnicas”.
“Al final hallan a un tercer hombre, también blanco. Luego de una pelea entre los dos varones, la mujer interviene y pone fin al conflicto. La última escena de la película es muy fuerte. Están los tres juntos en una calle de Nueva York, con ella en el medio tomándoles las manos a los otros dos. Para el público de los años cincuenta, ver a una mujer con dos hombres ya era un escándalo. Mucho más si uno de ellos era negro. El mensaje político y social era impactante”.
 
 
Soylent verde: cuando el destino nos alcance (1973), de Richard Fleischer.
 

El film toma una de las grandes preocupaciones de la modernidad y la lleva al extremo: la sobrepoblación y la falta de comida. En un mundo en estado de desintegración por el hambre y la pobreza, el protagonista es un policía que descubre una trama aterradora.
 
La comida se reduce a productos químicos artificiales fabricados por una empresa: Soylent. Su última creación, el Soylent verde, llena más y es más nutritivo que las anteriores. Cuando el héroe se pone a investigar un asesinato, termina enterándose de que ese alimento se produce con restos de personas que van a los hospitales a suicidarse porque la vida ya no tiene sentido.
 
 
 La Guerra de las Galaxias (1977), de George Lucas.
 
 

La historia es conocida por todos y se convirtió en el gran clásico de la ciencia ficción. A diferencia de las otras, no se produce en el futuro, sino en un universo paralelo (“una galaxia muy muy lejana”). Tiene finales felices en algunas de sus entregas y al final el bien triunfa, pero las versiones idílicas no abundan.
 
Blade Runner (1982), de Ridley Scott, con Harrison Ford.
 
 

Los Ángeles, Estados Unidos. Noviembre de 2019. Las personas conviven con androides llamados replicantes, que a pesar de ser muy humanos, son esclavizados en campos de otros planetas y prohibidos en la Tierra. Ford es un Blade Runner, que se dedican a cazar a esos especímenes. En el transcurso de la película, entra en una contradicción cada vez más profunda con la crueldad de su misión.
 Es una crítica social muy fuerte. Están muy marcados los problemas de la contaminación ambiental, de las injusticias sociales y del racismo, porque los androides son víctimas de los humanos, que intentan cometer un genocidio”.
 
RoboCop (1987), de Paul Verhoeven.
 
“Mucha gente se acuerda del policía robotizado que mata a los malos, pero detrás de la ilusión está la denuncia. Es una crítica al orden neoliberal que se impone en Estados Unidos durante los años ochenta”, cuenta el intelectual francés.
 
“Detroit se presenta como una ciudad abandonada y saqueada por pandillas y narcos. Pero esto está organizado por una gran empresa que quiere apoderarse de la ciudad para convertirla en un lugar privado, con lo cual denuncia la privatización de los espacios públicos, que excluyen a los más pobres, a los marginados”.
 
El juez (Judge Dredd, 1995), de Danny Cannon, con Sylvester Stallone.
 
La superpoblación reaparece como una de las grandes preocupaciones. Todo el mundo vive en ciudades atestadas de gente y regidas por bandas mafiosas. En ese contexto, impera el estado de excepción y los policías son también jueces para agilizar la lucha contra el crimen.
 
“Es una película con muchos efectos especiales y acción, pero no es sólo eso. Es también una denuncia. La vida en esa ciudad es espantosa. Y todas las patologías urbanas actuales las encontramos allí. La violencia, la corrupción de jueces y policías, una sociedad muy fragmentada entre los más ricos y los más pobres. Y, otra vez, aparece la temática de los muros, de las divisiones y separaciones sociales. Por supuesto que Stallone no es revolucionario, pero es una denuncia”.
 
El día después de mañana (2004), de Roland Emmerich.
 
 
No es estrictamente futurista, ni tampoco pertenece a la ciencia ficción. Pero está presente la exacerbación de un problema del presente, en este caso, el cambio climático. Es un ejemplo de cine catástrofe, cada vez más popular.
 
“Los norteamericanos tienen que huir hacia el sur porque se desató una ola de frío que congeló las ciudades. Entonces decenas de miles cruzan el Río Bravo para refugiarse en México. Es el fenómeno inverso a lo que pasa anualmente con los miles de mexicanos que pretenden ingresar a Estados Unidos. En el film, hasta el Presidente estadounidense tiene que agradecer a los mexicanos por haberlos recibido, cuando durante décadas ellos intentaron impedir su paso hacia el norte. Es una visión política y social bastante interesante”.
 
La Zona (2007), de Rodrigo Plá.
 
Es una película mexicana que muestra la vida en una zona residencial autoexcluida. “No es de ciencia ficción, sino de anticipación -dice Musset-. La trama transcurre en un condominio cerrado, con barrios pobres alrededor. La ciudad aparece como una expresión territorial de una sociedad fragmentada, con injusticias sociales”.
 
2033 (2009), de Francisco Laresgoiti.
 
“Es otro ejemplo de la ciencia ficción latinoamericana. Está situada en el año 2033, en la ciudad de México. Todo está controlado por un dictador, la gente vive muy mal y no tiene posibilidad de escaparse. Los que quieren romper con ese sistema tienen que enfrentarse a las Fuerzas Armadas y a la Policía. Es decir, es una visión muy pesimista”, afirma Musset.
 
 
 
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