Antonio Meño tenía 21 años cuando concurrió una mañana de julio de 1989 a la Clínica Nuestra Señora de América, para realizarse una cirugía estética en la nariz. Ese fue el comienzo del fin: tras 23 años en coma y con su familia habiendo perdido todos sus bienes, murió el domingo.
Meño, que murió el domingo, se sometió en una clínica madrileña a una rinoplastia en julio de 1989, cuando tenía 21 años, y quedó en coma vegetativo.
Los padres demandaron a la clínica "Nuestra Señora de América", pero los tribunales absolvieron al hospital.
Según informó DPA, tras varios intentos fallidos de conseguir una indemnización por daños y perjuicios, el Tribunal Supremo de Justicia condenó a la familia de pagar los costes de los juicios, ascendentes a 400.000 euros (unos 520.000 dólares al tipo de cambio actual).
Como no podían sufragar los gastos, su vivienda fue embargada, aunque al final el abogado de la familia consiguió que esta medida judicial quedase anulada. La familia recurrió a varias instancias judiciales, entre ellas el Tribunal Supremo, para defender sus demandas, las cuales fueron rechazadas todas por la supuesta inexistencia de negligencia médica.
En señal de protesta, los padres de Antonio Meño instalaron en 2009 uns tienda junto al Ministerio de Justicia en Madrid.
Un día, uno de los cirujanos que había presenciado la operación estética pasó por la tienda para informarse de lo sucedido y después se declaró dispuesto a declarar.
El cirujano declaró ante el Tribunal Supremo, que había admitido la demanda de revisión del juicio, que el anestesista se ausentó durante la intervención quirúrgica y que se había producido un cambio en la frecuencia del ritmo cardiaco de Meño, según Dpa.
La familia del paciente levantó la tienda de protesta, donde había acampado durante 552 días, y en julio del año pasado llegó a un acuerdo con la parte demandada por el que los padres de Antonio Meño recibieron una indemnización de poco más de un millón de euros.
El anestesista responsable quedó en libertad.