19/03/2017

El mundo

Libertad en un contexto de encierro

Punta de Rieles: la prisión uruguaya que puede ser modelo para las cárceles de todo el mundo

Se trata de una "cárcel abierta" en la que los presos trabajan y deambulan libremente. Es la demostración de que pueden existir prisiones que sean respetuosas de la dignidad de los reclusos.
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Cárcel Punta de Rieles de Montevideo. Foto: AFP.

En un contexto de una extrema crisis carcelaria en Latinoamérica, en Montevideo, capital de Uruguay, existe una luz de esperanza para resolver esta problemática que afecta a países como Brasil, Venezuela y Argentina.

Se trata de Punta de Rieles, una cárcel en la que sus detenidos gozan de una libertad poco común, al punto que los reclusos la han definido como "un pueblo". Ubicada en el barrio homónimo, es una institución modelo surgida del proceso de transformación del sistema penitenciario uruguayo iniciado en 2004.

"Para periodistas visuales, el mayor desafío que impone este lugar es lograr imágenes que den cuenta claramente de que estamos dentro de una prisión", apuntó Daphnee Denis en un artículo publicado por el diario La Nación. Es que "las rejas de las barracas apenas se notan, ya que no hay encierro", añadió.

En el predio de Punta de Rieles existe una plaza central y calles de tierra. Efectivamente, es como un pequeño pueblo. A los costados de uno de esos caminos "se levantan las persianas de los comercios: la rotisería de Damián, la peluquería de Martín, el almacén de Arturo y Antonio, la confitería –a esta altura legendaria– de Fabián", reseñó el diario Perfil. "Todos presentes en una arteria comercial como cualquier otra. Si no fuerae porque los dueños y empleados son presos".

Los negocios que funcionan dentro de la cárcel de Punta de Rieles no son de la institución, sino que se trata de emprendimientos privados impulsados por los propios internos. Para financiarlos, reciben ayuda de una entidad que funciona dentro del penal que, según el director de la cárcel, Luis Parodi, es "el único banco del mundo que no cobra intereses".

El banco de Punta de Rieles está dirigido por una "comisión administrativa" conformada "por funcionarios de la prisión y reos que deciden algunas de las iniciativas más importantes para el tejido empresarial del presidio", informó Vice News. Asimismo, "ofrece créditos para hacer realidad las ideas emprendedoras de los penados y consigue financiación extra mediante el cobro de impuestos, un máximo del 20% sobre los beneficios, a las empresas que ya funcionan". "Aquí no hay rescates, si el negocio no va bien, se cierra y listo; si no hay demanda, no hay negocio", advirtió Parodi.

Los beneficios obtenidos tanto por empresarios como trabajadores se depositan en la cuenta corriente del banco de la prisión o se transfieren a bancos uruguayos elegidos por sus beneficiarios. De esta forma pueden ahorrar para cuando cumplan la condena o ayudar a sus familiares.

Los presos de Punta de Rieles provienen de cárceles tradicionales, en las que vivieron hacinados, vejados por policías u otros reos a los que en ocasiones se enfrentaron con armas blancas o a puños para ganar un cierto respeto. Aprendieron cínicos códigos carcelarios que, entienden, les permitieron sobrevivir y que mantienen en este "barrio privado", aunque para llegar aquí tuvieron que demostrar disposición a cambiar su conducta.

Asesinos, copadores, rapiñeros, ladrones, vendedores de droga, todos pueden aspirar a llegar a esta institución modelo, salvo (al menos hasta el momento) quienes hayan cometido delitos sexuales.


La libertad en un contexto de encierro

"Punta de Rieles y en general el proceso de transformación del sistema penitenciario de Uruguay interpela al resto de la región", analizó el juez argentino Mario Juliano, en diálogo con la agencia RT.

"Punta de Rieles demuestra que es factible llevar adelante modelos que sean respetuosos de la dignidad de las personas que se encuentran privadas de la libertad", destacó el magistrado.

Para el juez argentino, esta propuesta redunda además "en beneficio del resto de la sociedad", ya que "el hombre o la mujer que recupera la libertad al cabo de la pena puede salir en mejores condiciones que cuando ingresó". Esto "es lo notable de este sistema", dijo Juliano, quien es también presidente de la Asociación Pensamiento Penal de su país.

Cabe destacar que Punta de Rieles, así como otros establecimientos similares que hay en Uruguay, "no deja de ser una cárcel", detalló Juliano. De hecho, las personas "no pueden trasponer un perímetro determinado, que se encuentra vigilado desde afuera por personas armadas para evitar que se quebrante ese régimen de privación de la libertad". No obstante, al ingresar al predio "uno advierte y aprecia que, por más que pueda resultar paradojal, se trata de un espacio de libertad en un contexto de encierro", señaló.


Cárcel Punta de Rieles de Montevideo.Cárcel Punta de Rieles de Montevideo. Foto: AFP / Pablo Porciúncula


Según recordó el licenciado Rolando Arbesún Rodríguez, en su investigación titulada 'Punta de Rieles: hacia una resignificación de la dignidad humana', en 2004 el primer Gobierno del Frente Amplio declaró la "emergencia carcelaria". A partir de allí, se comenzó una "transformación institucional" que "aún se encuentra en marcha". Este cambio de paradigma incluyó, entre otros aspectos, la creación del Instituto Nacional de Rehabilitación -por fuera de la órbita del Ministerio del Interior- y un proceso de "despoliciamiento" en la gestión de la privación de libertad.

En tanto, Mario Juliano remarcó que en este sistema "los principales garantes" de su funcionamiento "son las propias personas privadas de la libertad". Ellos son "los que conocen la diferencia de vivir en el infierno o un sitio donde se los respete".

El magistrado opinó que los regímenes cerrados plantean "reinsertar desde las antípodas de la socialización", teniendo a las personas "totalmente privadas de todo tipo de derechos". Esto es lo que se intenta revertir en Punta de Rieles.

En este sentido, explicó que si bien "no existe una estadística certera sobre la reincidencia", las dos direcciones que ha tenido el establecimiento uruguayo "coinciden en que ese índice se ubica en un 3%, algo prácticamente insignificante". A modo comparativo, comentó que en Argentina "tampoco conocemos con exactitud la estadística, pero con algunos elementos serios podemos hablar de un 30% de reincidencia".

Finalmente, Juliano destacó que "en seis años que lleva esta experiencia ha existido un solo episodio grave de violencia. Me parece que son indicadores contundentes".


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