El mundo necesita energía. Mucha. Y limpia. Pero ahí es donde se traba todo. Hay un debate que parece no tener fin sobre qué fuentes usar. La solar y la eólica avanzan a lo loco, pero siguen teniendo sus baches, no siempre están disponibles. Y mientras tanto, la industria pesada y las ciudades necesitan un chorro de electricidad constante, 24 horas al día, siete días a la semana, que no falle. Y ahí es cuando aparece la energía que parece prohibida, la nuclear. Aunque esté rodeada de debates y miedos es una energía que parece tener la solución.
El problema de los sobrecostos
La gran pregunta es por qué se volvió tan ridículamente caro. Si miras los proyectos de este siglo, parece una chiste. En Estados Unidos, por ejemplo, los únicos dos reactores que construyeron en la planta de Vogtle tardaron 11 años en terminarse. El costo final fue una locura: 35 000 millones de dólares. Una cifra que espanta a cualquier inversor y que, en la práctica, enterró la industria por décadas.
El problema de fondo es que Occidente desaprendió a construir en serie. Cada proyecto era un experimento nuevo. Un diseño único, con nuevos desafíos, nuevos componentes y nuevos retrasos. En lugar de una industria, se convirtió en una serie de prototipos carísimos. Los costos, en vez de bajar con la experiencia, se multiplicaron por diez desde los años 60.
El país que invertirá millones para construir más
Pero mientras todo este debate paralizaba a Occidente, China pisó el acelerador. Sin hacer mucho ruido, se pusieron a construir. Y ahora los números son de otro planeta. El gobierno chino acaba de aprobar la construcción de 10 reactores nucleares nuevos, de un tirón. Una inversión de 27 500 millones de dólares para seguir a un ritmo que ya tienen de 10 u 11 reactores por año.
Hoy, China ya tiene 57 reactores andando (Francia es el segundo y EE.UU. el primero) y va camino a superar a todos en 2030. Lo más increíble es el precio. Mientras a EE.UU. le cuesta 15 dólares el vatio de capacidad, los chinos lo están haciendo por 2 dólares. Por primera vez en 50 años, un país logró que la energía nuclear sea cada vez más barata y rápida de construir. ¿Cómo lograron esto?
La receta china tiene nacionalización y estandarización
No se trata de magia para nada. Es una receta que mezcla estrategia y apoyo estatal total. Primero, la estandarización. A diferencia de Occidente y sus “experimentos únicos”, China eligió un puñado de diseños que funcionan y se dedicó a replicarlos. Construir el mismo modelo una y otra vez baja los costos de forma brutal y genera experiencia real.
Segundo, todo “Hecho en China”. Pekín invirtió fortunas en dominar cada eslabón de la cadena de suministro. Hoy fabrican sus propias vasijas de reactor, sus bombas, sus grúas. Esos componentes nacionales cuestan la mitad que los importados. El mejor ejemplo: tomaron un diseño de afuera (el AP1000) que casi funde a la industria de EE.UU., lo estudiaron, vieron dónde fallaba, lo mejoraron y crearon su versión nacional (el CAP1000). Ahora están construyendo nueve de esos, a un costo bajísimo.
Mientras China perfecciona la construcción en masa, Occidente le apuesta al sector privado y a los reactores modulares pequeños (SMR), donde gigantes como Google y Amazon están poniendo millones. El problema es que esa tecnología tardará años en madurar. China demostró que la energía nuclear no estaba maldita. Solo necesitaba un enfoque inteligente, estratégico y sin miedo a invertir. Y ahora, ya están exportando sus reactores a Pakistán y mirando a África y Sudamérica. Con esta capacidad de inversión, China ya está por delante de EE.UU. en el desarrollo de reactores.
