22/08/2012

Argentina

Jujuy, Tucumán y Salta: el otro bicentenario

El recuerdo de los 200 años del Exodo Jujeño despierta el debate sobre la historiografía nacional. Por Adrián Corbella.

“Dios está en todos lados, pero atiende en Buenos Aires”…

Esta frase, enquistada en siglos de historia centralista en la Argentina, fue, es, y quizás seguirá siendo cierta por algún tiempo más. Y no es sólo una frase de la política, también lo es de la propia historia. No debemos olvidar que fue Bartolomé Mitre, político porteño de pura cepa,  quien dio comienzo a nuestros estudios historiográficos. Y en la versión más clásica de la historia argentina, liberal, mitrista y porteñista, Buenos Aires quedaba en el centro de todos los procesos. En esta misma versión se diluía u omitía el rol del interior en estas transformaciones: la importancia que tuvieron caudillos como Martín Miguel de Güemes, Juana Azurduy o José Gervasio de Artigas, todo lo que puso la región de Cuyo para ayudar a San Martín a organizar el Ejército de los Andes, así como la importancia de tres hechos que se minimizan: el Éxodo Jujeño, la batalla de Tucumán, y la de Salta.

Mañana se cumple el bicentenario del éxodo jujeño, y en septiembre de este año y febrero de 2013 pasará lo mismo con las grandes victorias de Belgrano (con la inestimable ayuda del coronel Dorrego) en las Batallas de Tucumán (24 y 25-09-12)  y Salta (20-02-13).

Estos combates tienen un valor que pocas veces se ha destacado, ya que evitaron que los realistas retomaran el control de las provincias argentinas. Si Belgrano hubiera sido derrotado en Tucumán, había pocos obstáculos entre esa ciudad y Buenos Aires. Se hubiera intentado detener el avance español en Córdoba, y la siguiente línea de defensa seguramente hubiera sido la Plaza de Mayo. Por eso el valor de estas victorias es enorme. Y no debemos olvidar que en aquellas tierras donde las revoluciones de 1810 sufrieron traspiés y los realistas volvieron a tomar el poder (Chile y Venezuela son dos buenos ejemplos) la represión fue feroz: se fusilaron dirigentes, se incautaron propiedades. Ese hubiera sido el destino de los patriotas si las fuerzas de Belgrano, sumadas al pueblo de Jujuy, Tucumán y Salta, no hubieran detenido a los invasores.

Afortunadamente muchas cosas están cambiando en la Argentina. El paradigma cultural que generó el liberalismo y el neoliberalismo se va desmoronando, y aquellas figuras y acontecimientos antes ignorados, omitidos, deformados, están volviendo a la luz. La revalorización del éxodo y el reconocimiento de la Bandera de la Libertad Civil de Jujuy como símbolo patrio, la idea de declarar feriado nacional este 24 de septiembre, o los proyectos que existen de cara al bicentenario de la Batalla de Salta, muestran que por fin aquella visión del mitrismo, tan centrada en el propio ombligo, está siendo dejada de lado.

Hoy se cumplen doscientos años del Éxodo Jujeño, y hay muchas razones para no olvidar ese hecho.

En primer lugar, debemos señalar que para la mayoría de la gente las grandes transformaciones sociales, las grandes “revoluciones”, son hechos violentos que implican pólvora y sangre. Eso es parcialmente correcto, pero generalmente dentro de esos procesos cruentos hay grandes hechos cívicos absolutamente pacíficos, así como ha habido grandes transformaciones absolutamente pacíficas en nuestro país, y en otros lugares del mundo.

El éxodo jujeño fue un ejemplo de gesta cívica dentro del marco de un proceso de transformaciones violentas. Es un hecho absolutamente civil, pacífico y de un alto grado de compromiso. Un hecho que fue realizado no en contra del poder militar sino junto a éste, en colaboración con éste. Y es justamente este tipo de hechos el que más representa nuestra realidad, en la que toda América Latina está transitando por grandes transformaciones de tipo cuasi “revolucionario” con líderes políticos que no desean derramar ni una sola gota de sangre en el proceso. Por eso, el éxodo jujeño es una fecha que representa adecuadamente el tipo de lucha que los latinoamericanos estamos desarrollando: comprometida, dura y no-violenta.

En segundo lugar, el éxodo es un gran hecho “militante”; los jujeños se comprometen a tal punto con la causa de “libertad” que están dispuestos a destruir todo lo que no se pueden llevar con tal de debilitar a los realistas. En nuestros tiempos, en donde se produce un claro reverdecimiento de la militancia, el ejemplo de los jujeños nos recuerda que las grandes transformaciones se logran solamente cuando la gente se compromete con ellas.

Finalmente, queremos señalar otro aspecto, que nos parece muy relevante. La historia argentina ha padecido siempre, como señalamos más arriba, de cierto porteñocentrismo, ya desde su origen, cuando un puñado de vecinos de Buenos Aires deciden destituir al  Virrey Cisneros y reemplazarlo por una Junta, para luego invitar al interior a participar –cuando ya lo fundamental estaba decidido y realizado-. No sólo los hechos y figuras del interior han sido generalmente ignorados, olvidados o desvalorizados; la mayoría de los grandes caudillos del interior no han sido recordados en las calles de la Capital Federal, en cambio si se lo ha hecho con personajes menores o detestables de Buenos Aires, o con personalidades del exterior.

El éxodo jujeño es un buen ejemplo de ese ninguneo, y también de las actitudes de las autoridades de Buenos Aires en ese proceso. Rivadavia ordena a Belgrano retroceder hasta Córdoba. Fue la tozudez de Belgrano, montada en el compromiso cívico de los jujeños, y en la decisión de resistir de los tucumanos lo que salvó de la invasión realista al territorio argentino. Reivindicar el éxodo jujeño es una forma de darle su justo valor a todos los esfuerzos que los habitantes de las zonas no metropolitanas de Argentina hicieron en el proceso de independencia.

Por eso consideramos que el día de hoy debería ser considerado el Día Nacional del Compromiso Cívico. Reivindicar estos hechos, recordar que la Argentina se extiende más allá de la provincia de Buenos Aires, es un objetivo central en el proceso de construcción de una nueva Argentina que deje atrás la miopía que le fue tan característica en el pasado, y comience a mirar más hacia adentro, del propio país, y de la Patria Grande.


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