07/01/2011

Argentina

Opinión

¿Por qué aumentan los precios?

Por Adrián Carlos Corbella.

Una de las grandes polémicas de la Argentina de estos últimos dos o tres años, es el aumento de precios, y la validez de los índices que lo miden.

Si bien no es la intención de este artículo ingresar al debate sobre el grado de exactitud de los índices del INDEC, no debemos olvidar que éstos índices siempre han parecido poco fiables porque el IPC (Índice de Precios al Consumidor) es la resultante de medir una larga y a veces exótica lista de productos, muchos de los cuales no son alimentos. Así, por ejemplo, mientras que el ciudadano común mide artesanalmente la inflación a partir del aumento del pan, la carne o la leche, el IPC promedia estos productos con el valor de los helados o las ojotas en invierno, o con el de los pulóveres en verano (que no sólo no aumentan sino que a veces disminuyen su valor).

Al respecto, y tomando los propios índices del INDEC, en noviembre de 2010 la inflación general fue del 0,8%, pero la inflación en alimentos fue del 3,4 %, es decir CUATRO VECES SUPERIOR.

Ahora bien. ¿Por qué un producto vale lo que vale? ¿Y qué factores inciden en el aumento de ese precio?

Y aquí la primera pregunta sería cómo se fija el valor de un producto. Es decir, si usted va al almacén y compra una lata de tomates, y le cobran, voy a redondear, 4 pesos. ¿Cómo se fija ese valor?

Supongamos que usted es propietario de una fábrica de tomates en lata. La lata de tomates tiene para usted un costo de producción que depende del valor de la materia prima (la lata, el tomate, la etiqueta, los conservantes), del transporte, los salarios del personal, los impuestos, la energía, los seguros, el mantenimiento y reposición de la maquinaria y de la planta en general, publicidad, marketing, etc.

Mensurado todo eso usted tiene un costo de producción. Vende el producto a un mayorista agregando un margen de ganancia que usted considera razonable. El mayorista lo revende a su vez a supermercados o almacenes agregando un segundo margen de ganancia, y otros costos como transporte. Y el comerciante se lo vende a usted agregando su propio margen. Así llegamos a esos 4 pesos.

Pero, en realidad, hay otros factores que influyen en la fijación y modificación del precio, siendo algunos de ellos internos y otros externos.

El primero, que es interno, se vincula a la famosa ley de la “oferta y la demanda”. Si hay una gran oferta de productos a la venta, y pocas personas dispuestas a comprarlos, los precios bajan en un intento de lograr la venta. Si, por el contrario, hay una gran demanda de productos y una oferta limitada, los precios tienden a subir por un simple incremento de los márgenes de ganancia. Esto último puede corregirse importando productos del exterior, pero esto frena el crecimiento de la economía y genera, a la larga, una crisis peor.

Otro factor que incide es el valor internacional de los productos. En la economía globalizada del siglo XXI usted tiene muchas veces la opción de vender su producción al exterior. Y, si los precios externos son muy superiores, los productores tienden a subir al valor interno de los productos para acercarlos a los del mercado internacional. Una solución para este problema es aplicar retenciones a las exportaciones, quitándole al productor ese sobreprecio que le proporciona el mercado externo para evitar que suban los precios internos. Si la variación de los precios de los alimentos a nivel internacional es excesivamente alta y volátil, lo conveniente es aplicar un sistema de retenciones móviles, que se adecúen automáticamente a los precios internacionales.

Estos son los mecanismos que fijan los precios, en un delicado equilibrio, y la variación de cualquiera de esas variables tiene un efecto sobre los precios. Pero, justamente por eso, debe tenerse en cuenta que no existe una relación directa entre los precios y una sola de las variables, a nivel individual. Es decir : aquellos empresarios que, ante un aumento de, por ejemplo, diez por ciento en el monto de los salarios ,aumentan inmediatamente los precios en ese mismo porcentaje, están generando un aumento injustificado, ya que la incidencia de los salarios en el precio final es siempre menor al porcentaje total de incremento.

Entonces la gran pregunta sería ¿por qué se produce el aumento de precios?, es decir, ¿por qué existe la inflación?

La causa más clásica en la Argentina de la década del ochenta fue el déficit fiscal y/o comercial. Si a un gobierno le ingresa menos dinero del que gasta debe recurrir al endeudamiento o a la emisión sin respaldo. Ambos mecanismos generan el mismo efecto: la moneda local vale cada vez menos, y entonces la cantidad de billetes que se necesitan para comprar un producto es mayor; es decir, hay inflación.

Este tipo de inflación no es la que tiene hoy en día la Argentina, ya que el país lleva varios años consecutivos de crecimiento económico, de desendeudamiento (es decir, no sólo no se contrae nueva deuda sino que la existente disminuye), y con claras cifras de superávit comercial y fiscal.

La inflación argentina es una inflación de otro tipo, la inflación que acompaña al crecimiento económico, ayudada por otros factores internos y externos.

A nivel externo, se está produciendo desde hace varios años un continuo aumento del precio de los alimentos (1). Este aumento de los alimentos a nivel mundial ha favorecido a las economías que, como la nuestra, exportan alimentos, pero ha generado a la vez una tensión en los precios internos, que tienden a acompañar a los precios internacionales.

En el 2008 por ejemplo, se produjo en el mundo una subida fuerte y continua de diversos alimentos, sobre todo la soja (pero también de otros como el maíz). Este aumento generaba tensiones inflacionarias claras, en primer lugar porque comenzó a incrementarse la cantidad de hectáreas dedicadas a ese producto (disminuyendo paralelamente las dedicadas al trigo o el ganado, y empujando al alza el valor de éstos productos), y en segundo lugar porque la soja y el maíz se usan, en nuestro país, en la alimentación de los cerdos y pollos, e incluso la del maíz en la etapa final de la cría de la vacas.

No hace falta recordar el conflicto que generó en Argentina el intento del gobierno de aplicar retenciones móviles a esos productos, solución que era claramente la más racional y efectiva. Lo que resulta paradójico es que los mismos sectores sociales y políticos que se opusieron con salvaje decisión a la resolución 125 son los mismos que más se quejan hoy por la inflación, que es claramente una consecuencia de no aplicar dichas retenciones móviles.

Pero, además, nuestra inflación está provocada por lo que algunos economistas llaman una “puja por la distribución del ingreso”, o una “inflación por exceso de demanda”. Es decir, si algún sector laboral consigue un aumento, o los jubilados actualizan dos veces al año sus ingresos, o se paga la Asignación Universal por Hijo, o se otorga un premio especial de 500 pesos a fin de año a todos los pasivos que ganan la mínima, comienza a haber más dinero en la calle, es decir, se incrementa la demanda. Si la demanda se incrementa y los empresarios no aumentan la oferta de productos (vía aumento de la producción), se produce inmediatamente un aumento de precios. Y ese aumento no se produce por mayores “costos” laborales, sino simplemente porque HAY MÁS DINERO EN LA CALLE. Y el empresario pretende apropiarse de ese dinero sin trabajar más para ello; lo hace por el método fácil, subiendo los precios.

Esta es la inflación del crecimiento, la inflación que acompaña a todo proceso económico exitoso. Por eso el economista Paul Krugman, premio nobel de esa especialidad en 2008, dijo a los empresarios y periodistas argentinos que no había que preocuparse excesivamente por la inflación argentina, y que a él le parecía mucho más preocupante la situación de varios países europeos o de los propios Estados Unidos. (2)

Por supuesto que el problema inflacionario siempre es complejo. La inflación es como la fiebre en una persona; refleja que hay otro problema, una enfermedad, una dolencia.

Por eso, cuando una persona tiene una fiebre excesiva, tratamos de bajarla, mientras averiguamos cuál es el verdadero problema.
Lamentablemente, los economistas ortodoxos sólo ven la fiebre, y se desentienden del verdadero problema. Ponen todas sus energías en el combate a la inflación. “Enfrían” la economía –disminuyendo su tasa de crecimiento- y aplican ajustes. Y obviamente bajan la inflación, logran a veces deflación como en esos terribles cuarenta y pico de meses del final del 1 a 1. Y su método para bajar la inflación es infalible.

Toman al paciente, con sus 38,7 grados, y lo meten adentro de un freezer industrial a 20 grados centígrados bajo cero. La fiebre baja. Hay un efecto colateral que parece no importarles demasiado. (3)

Evidentemente, los muertos no tienen fiebre.

Adrián Carlos Corbella

NOTAS:

(1): Sobre el aumento de los precios de los alimentos a nivel mundial en estos años puede consultarse, entre otros materiales:
http://www.alimentacion.enfasis.com/notas/8734-preocupacion-mundial-el-aumento-los-alimentos
y
http://www.iccc.es/2008/11/escasez-mundial-de-alimentos-y-los-vinculos-entre-el-precio-de-los-alimentos-y-de-la-energia/
y
http://ictsd.org/i/news/15955/


(2): Son interesantes las declaraciones realizadas por Krugman al periodista Marcelo Bonelli en el programa “A dos voces”.

http://anibalfernandez.com.ar/index.php/de-todo-un-poco/esto-es-asi/494-la-visita-de-paul-krugman-premio-nobel-en-economia
de las cuales publiqué en mi blog una versión digitalizada y comentada:
http://adriancorbella.blogspot.com/2010/12/paul-krugman-en-argentina-se-pueden.html
así como el siguiente artículo
http://www.taringa.net/posts/offtopic/1881081/Paul-Krugman_-Premio-Nobel-habla-de-la-crisis-y-de-Argentina.html

(3): Una idea semejante expresa el presidente ecuatoriano Rafael Correa en su último libro.
 



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