19/06/2011

Argentina

La fosfina, el veneno de los camioneros

Es un tóxico que se introduce en los camiones para desinfectar el cereal. Desde el sector denuncian que está matando a los choferes. La complicidad de las empresas.

Todos los días los camioneros que transportan cereales ponen en riesgo su vida. El mayor peligro no está en los accidentes de tránsito, sino dentro de sus propios camiones, producto de un veneno llamado fosfina, publica el diario Tiempo Argentino.
 
Se trata de un gas extremadamente tóxico y letal para los seres humanos, que se genera cuando las pastillas de fosfuro de aluminio, utilizadas como plaguicida bajo el nombre comercial de Phostoxin, entran en contacto con la humedad natural. Este químico se introduce en el acoplado de los camiones para eliminar todo tipo de insectos que pueden aparecer en los granos durante el viaje. Pese a las indicaciones de los especialistas que recomiendan no entrar en contacto con la fosfina durante las primeras 48 horas de su aplicación, los transportistas están expuestos al veneno de forma inmediata y durante largas jornadas de trabajo.
 
Un informe de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo de la Nación (SRT) advierte que el gas “tiene la capacidad de atravesar distintos materiales, se debe utilizar en ambientes herméticamente cerrados y los trabajadores no pueden ni deben exponerse a él”. Sin embargo, a los choferes se les vuelve imposible cumplir con esa norma: prefieren utilizar el poco dinero que tienen para comer y, en lugar de alquilar un hotel, terminan durmiendo dentro del camión, rodeados de veneno, hasta que la fosfina hace efecto sobre los granos que están listos para exportar.
 
Miguel Bettili, secretario de la Federación de Transportadores Argentinos (FETRA), señaló: “Las cerealeras se ahorran unos pesos de los miles de millones que ganan, con tal de no proveer al camionero de condiciones de trabajo dignas. Fumigan el camión y los choferes se tienen que quedar dos días aspirando ese veneno. No te pagan estadía, no te ponen un hotel. Pero después no se hacen cargo de la salud de la gente. Se trata de otra de las caras ocultas del ‘boom sojero’ que hoy vive la Argentina, donde los choferes que trasladan granos son una pieza clave.”
 
Para las multinacionales que exportan cereales y recaudan millones de dólares por año (como Cargill, Nidera, Dreyfus, Bunge, entre otras), esta es la forma menos costosa, en términos económicos, de cuidar la calidad de los granos que exportan. Por el contrario, para los sectores ligados al transporte, el costo sanitario es altísimo: “Están jugando con la vida de los casi 130 mil camioneros que trabajan en el rubro”, aseguró Bettili.
 
Omar Pérez, secretario de Política de Transporte del Sindicato de Choferes de Camiones de Buenos Aires, agregó: “En 2009 tuvimos cuatro muertes por este flagelo. En 2010, otras tres, de forma consecutiva. Creemos que los casos desconocidos pueden ser aún muchos más”. A pesar de la gravedad de la denuncia, el uso de fosfina carece de legislación efectiva y rigurosos controles. Como si fuera poco, es extremadamente difícil probar que la muerte de una persona fue consecuencia de su inhalación, ya que el veneno no deja rastros en la sangre.
 
El caso de Iván Matías Podevils, un joven de 28 años que falleció luego de una fumigación en el puerto rosarino de San Martín, fue uno de los pocos que tomó estado público. “Hay un gran cerco mediático. Hay muchos intereses de por medio para que este sistema no se prohíba ni se conozcan sus efectos a nivel nacional”, aseguró Pérez, desde el Sindicato de Choferes.
Vicente Bouvier, asesor legal de la Federación Argentina del Transporte Automotor de Cargas (FATAC), se indigna ante esta situación cotidiana, a la que consideró una “práctica perversa”. Bouvier sostuvo: “Los transportistas no tenemos nada que ver con la calidad del cereal. Si el cereal tiene bichos, es una cuestión del cargador y del destinatario. ¿Por qué nosotros tenemos que sufrir los efectos de la fosfina?”
 
El uso de fosfina está prohibido en nuestro país, pero la normativa vigente es “obsoleta”. Aunque la Resolución 456/09 del Ministerio de Salud impide su “producción, importación, comercialización y/o uso”, basándose en prohibiciones de países como Bélgica, Belice, China y Japón, las pastillas de fosfuro de aluminio continúan vendiéndose libremente, por unos pocos pesos y sin receta.
 
Por el momento, y mientras esa ley no exista, miles de camioneros de todo el país seguirán tan desprotegidos como siempre.
 
 


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