02/01/2017

El mundo

Suiza abandona el "sagrado" secreto bancario en 2017

Será en el marco del intercambio automático de información acordado con 38 socios de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).
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Suiza dice adiós al secreto bancario.

Suiza abandona el "sagrado" secreto bancario a partir de este lunes 2 de enero de 2017, cuando empiece a reunir datos de clientes extranjeros en el marco del intercambio automático de información acordado con 38 socios de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).


El país helvético, que gestiona el 25% del patrimonio extranjero depositado en los 266 bancos con los que cuenta, se despide así del sistema bancario impenetrable que le ha permitido atraer fortunas durante décadas, pero que se había agrietado ya en los últimos años por la presión internacional.


Suiza aceptó en 2014 sumarse al estándar global de la OCDE para no perder su estatus de plaza financiera internacional y en 2015 firmó un acuerdo con la Unión Europea (UE).


Aunque no comenzará a intercambiar los datos bancarios hasta 2018, en la práctica entierra ya en este 2017 el secreto bancario al iniciar los pasos necesarios para entregar la información de este ejercicio de sus clientes extranjeros el año próximo.


"A mí no me parece bien. El intercambio automático de información bancaria supone el fin del secreto bancario", señaló a Efe Samuel Müller, un ingeniero de 66 años, sobre un sistema que ha formado parte del orgullo suizo, pese a casos como el oro nazi o los miles de millones depositados por dictadores en cuentas helvéticas.


Suiza es el líder indiscutible en la gestión de fortunas privadas de extranjeros, al copar el 25 % de la cuota mundial de este negocio, según datos de la Asociación Suiza de Banqueros (ASB).


El mercado financiero aporta el 9,3% al PIB suizo y el sector bancario genera 167.000 puestos de trabajo.


Gestiona fortunas por valor de 6,6 billones de francos (6,1 billones de euros), de los que la mitad proceden del extranjero.


Ha sido de hecho la presión desde el exterior, sobre todo por parte de Estados Unidos, la que ha minado poco a poco el secreto bancario hasta conseguir levantarlo.


Suiza quiso evitar durante mucho tiempo tener que entregar datos de clientes estadounidenses a EEUU, en una disputa que comenzó en 2008, pero cuando el Departamento de Justicia denunció al banco UBS y amenazó con retirarle la licencia en el país, no tuvo otra opción.


Era improbable que la entidad sobreviviera a la demanda y Suiza no podía permitirse dejar quebrar a uno de los bancos más importantes para la economía helvética. En 2009 entregó los datos de 4.450 clientes estadounidenses a los EEUU, lo que supuso el principio del fin del secreto bancario.



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