21/05/2019

Argentina

Relajada y distraída: Así se mostró Cristina en el primer día de un juicio con muchas cámaras y pocas pruebas

El inicio del juicio a la senadora y a ex funcionarios empezó a pesar de que no se realizaron las auditorías requeridas para precisar la relación entre pagos y obras realizadas o no. Llegó cerca del mediodía, se sentó en la última fila y se entretuvo con su celular mientras el tribunal leía los fundamentos de la causa.
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Las pericias preliminares de la causa señalaron que no se evidencian deficiencias constructivas de relevancia, como así tampoco tareas que hayan sido certificadas sin ejecutarse.

Este martes Cristina Kirchner asistió al inicio del primer juicio en su contra por presuntos hechos de corrupción acaparando la atención mediática y política de los sectores que buscan desviar el foco de la profunda crisis que asola el país.

 A las 11.36 llegó a los Tribunales Federales de Comodoro Py la senadora y precandidata a vicepresidenta, quien se sentó en la última fila de la Sala AMIA. A las 15, el Tribunal dictó un cuarto intermedio hasta la próxima audiencia, que será el lunes por la mañana.

Durante la sesión a la ex presidenta se la vio sonriente, distendida y despreocupada por lo que se manejaba a su alrededor, al punto de ponerse a leer su teléfono mientras los funcionarios judiciales leían el expendiente.

Fuera de la sala, varios ex funcionarios estuvieron apoyando a Cristina, entre ellos Eduardo de Pedro, Cristina Álvarez Rodríguez, Horacio Pietragalla, Hugo Yasky y Estela de Carlotto.

Más temprano, desde su casa de Uruguay y Juncal, la expresidenta había escrito en Twitter: "Es un nuevo acto de persecución". Luego confirmó que estaría presente cuando el tribunal inaugurara formalmente la etapa de juicio oral y público.

Pasadas las 12, el Tribunal Oral Federal (TOF) 2 comenzó la lectura de la acusación contra la expresidenta, Báez, De Vido, José López, Carlos Kirchner, Nelson Periotti, Abel Fatala, Raúl Daruich, Mauricio Collareda, Héctor Garro, Juan Carlos Villafañe, Raúl Pavesi y José Santibáñez. Durante la instrucción, el juez federal Julián Ercolini consideró probado que los imputados realizaron maniobras de corrupción por $46.000 millones a través de 51 obras públicas de las 88 que se adjudicaron entre 2004 y 2015 en Santa Cruz para Vialidad.

Acompañada por su abogado Carlos Beraldi, escuchó sentada en la última fila de los acusados en la Sala AMIA. Cada tanto, comentaba algo con el letrado o miraba el celular.

Quien quisiera sacar la buscada foto de la ex presidenta 'sentada en el banquillo' no pudo evitar que de fondo aparecieran Taty Almeida (Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora) y Estela de Carlotto (Abuelas de Plaza de Mayo).


La causa

Javier Iguacel, al frente de Vialidad Nacional, arrancó en abril de 2016 con la causa que llegó a juicio este martes. El objetivo era político desde el primer momento: en aquel entonces, cargar las culpas a "la pesada herencia", justificar los desastres económicos perpetrados por el macrismo. Luego insistieron con la noción: "se robaron un PBI", igualmente para explicar la hecatombe producida a trabajadores y jubilados. Hoy en día, el juicio hecho a las apuradas es una necesidad electoral desesperada.

Como siempre les importó sólo el objetivo político, no las pruebas, pasaron tres años sin hacer una pericia elemental: ver en concreto si las obras se hicieron o no, si se cobró más de lo debido, si se cobró algo no hecho, si las demoras --que existen en todas las obras del país-- tuvieron fundamento. No pidieron la pericia los fiscales, no la ordenó el juez, ni la Cámara Federal ni la Casación. Cuando la Corte Suprema amagó con postergar el juicio para ordenar la pericia, ardió Troya.

La única explicación por la que no se realizó esa prueba básica en tres años y no se hace ahora sobre la totalidad de las obras cuestionadas es que le tienen miedo a las conclusiones. Es que la propia auditoría ordenada por el macrismo, con dos ingenieros y un contador designados por el macrismo, dio que "no se evidencian deficiencias constructivas de relevancia, como así tampoco tareas que hayan sido certificadas sin ejecutarse" y que " lo que figuraba como pagado estaba hecho". (Página/12)


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