08/02/2020

Argentina

Un madrugón de tres palabras

Escribe Juan Manuel Aragón - (Especial para El Diario 24)
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Un madrugón de tres palabras

Mucho tiempo antes  decidí cortar con aquella relación, el drama  era cómo hacerlo: la mejor manera es clásica, llegar a la casa con cara de circunstancia y blanquear el sentimiento. No la quería más, en algún recodo de la  historia lo nuestro había  perdido el encanto del amor y se había convertido en dos personas que convivían unas cuantas horas, cuando llegaban cansadas a  la casa con la única misión de dormir.

Debía usar palabras que no sonaran repetidas. Evitaría los clásicos “no sos vos, soy yo” o el “ya vas a encontrar una persona que te quiera bien” o el falso “vos sos una persona maravillosa, así que  no te va costar hallar otro amor”.

Otro problema era si poner cara de velorio o estar serio pero sin gestos. Decidí que no tendría cara de funeral porque era mentir, una relación tan linda, merecía  terminar con algo sincero, decir lo que sentía y nada más.

Al llegar me extrañó que no estuviera, siempre llegaba antes. En el dormitorio se encendieron las alarmas: estaba todo revuelto. Abrí el placar y faltaba su ropa. Debe haberido de visita a la madre, pensé.  Cada tanto se daba  una vuelta por la  casa de la  vieja, pasaba unos días y volvía. La pucha, pensé, esto  atrasa  mis planes. Fui a la cocina a preparar algo para cenar y pegado con un imán, en la puerta del congelador, refulgía un papel.  Lo abrí, tenía sólo tres palabras con su  letra redonda  y clara: “Te dejo, etcétera”.

Recuerdo que pensé: “Me madrugó”. Y me eché a reir.

Juan Manuel Aragón

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