16/04/2021

Argentina

Opinión

Cristina Pérez, contra Alberto Fernández: calificó el cierre de las aulas como "un cepo a la infancia"

La periodista se manifestó en contra de la suspensión de las clases presenciales.

En Confesiones a la noche, por Radio Mitre, Cristina Pérez sostuvo que el gobierno nacional decidió suspender las clases “sin argumentos científicos” e interpretó el cierre de las aulas como un cepo a la infancia.


"Todos los habitantes de la Nación gozan de los siguientes derechos conforme a las leyes que reglamenten su ejercicio; a saber: de trabajar y ejercer toda industria lícita; de navegar y comerciar; de peticionar a las autoridades; de entrar, permanecer, transitar y salir del territorio argentino; de publicar sus ideas de publicar sus ideas por la prensa sin censura previa; de usar y disponer de su propiedad; de asociarse con fines útiles; de profesar libremente su culto; de enseñar y aprender. De enseñar y aprender. Artículo 14 de la Constitución nacional", comenzó la periodista.

Y se preguntó: "¿Tenemos claro hasta qué punto la urgencia que impone la pandemia pone en tensión a nuestra ley fundamental y a nuestros derechos consagrados con la arbitrariedad? ¿Y qué pasa ante la posibilidad de que quien detente el Poder Ejecutivo no sea consciente de que la transitoriedad de la situación coyuntural que vivimos no le da potestad por palabras que no son meramente garabatos ordenados en un papel sino lo que nos constituye?".

"Este es el problema. Clases no, fútbol si. ¿Nivel de improvisación? Absoluto. Hay una frase que se le atribuye a Seneca que dice ‘no hay viento favorable si no se sabe a dónde ir’. Un presidente que toma decisiones intempestivas e inconsultas, ¿a dónde va? ¿Qué sensación le queda a la masa que está esperando contención, a los ciudadanos que intentan tener alguna calma en medio de la tormenta, si lo que ven es alguien que bambolea el timón sin noción de un destino?", cuestionó.

Péres sostuvo: "El ejemplo de lo que pasó con la mención del presidente al referirse, casi culpando, a las personas con capacidades especiales como personas que “no entienden”. ¿Quién no entiende, presidente? Primero, tengo que decir que me pareció desalmado. Y me generó espanto pensar de que manera pudo no ponerse en el lugar de las personas a las que mencionaba. Encima, en un mensaje grabado que alguien debería haberlo visto y tener la capacidad moral de corregir. Y ahí pensé, ¿quiénes son los discapacitados? Porque no sé si hay una discapacidad más triste que la discapacidad emocional. ¿Y si empezamos por ahí? Cómo pretender la sofisticación de registrar la noción del derecho aunque el primer mandatario se jacte de ser un hombre de esa facultad".

"El presidente se convirtió en el mejor jefe de campaña de Horacio Rodríguez Larreta. Pero atención a la ciudad de Buenos Aires, porque es muy loable el intento de plantear una política civilizada. Pero la verdad que si yo me encuentro con un pitbull en la calle, me voy a poner un guante antes de darle la mano. Es más, voy a tratar de no dársela porque me la va a morder. Entonces, cuidado con la ingenuidad. Es verdad que las formas hacen a la política, pero que no sea la historia que vamos a ver de que al final de este mandato presidencial esté tan deshilachada la autonomía porteña que no tengamos memoria de la ley Cafiero. Es muy difícil dialogar cuando el otro te está apuntando en la frente. Entonces también hay que tener dos vías, más allá de las simbólicas", expresó.

"La verdad que lo que a mí me asombra es la absoluta falta de cálculo político, al menos que algo no estemos viendo. La información que pude recabar también me lleva a un planteo tan pragmático que, por momentos, suena perverso. Y es que hay una interna muy fuerte dentro del Gobierno acerca de cómo manejar la economía y en la economía también juega el concepto de la distribución. La distribución del dinero es poder, más en la noción peronista de cómo se maneja el Estado", indicó la periodista.

Y sumó: "Un cierre más contundente para los sectores cristinistas significaba contar con emisión de dinero para tener ayuda que distribuir en tiempos electorales. Así de tremendo como se escucha, por lo menos dos fuentes a las que accedí me plantearon que esto es una guerra por fondos. Lo que pasa es que a uno lo termina atemorizando la mera noción de que, en el medio del contexto que vivimos, esos sean los cálculos, ¿no?"

"Estaba pensando en la suspensión de clases y comparándolo con lo que pasó con las vacunas. No solo con la ineficiencia de cumplir con la gestión eficiente de las vacunas sino también con el vacunatorio VIP, que fue una situación impúdica pero que cruzó todo el mosaico social y que saltó la grieta. Fue tan pésimo el cálculo político del presidente al suspender las clases sin argumentos científicos. Fernán Quirós, ministro de Salud porteño, dijo ayer que son muy pocos los chicos que viajan en el transporte público a la escuela. Realmente el número era ínfimo. La cuestión de la suspensión de clases también saltó sobre la grieta de manera tal que terminó generando críticas explícitas de gente que realmente estaba embanderada con una idea de lo que ya parece un fósil: el albertismo", comentó.

Y añadió: "Son varias las cosas que preocupan, en esto que considero a veces que es una suerte de ingenuidad o de alta diplomacia de la ciudad de Buenos Aires. La Ciudad tiene que esperar lo peor del gobierno nacional. No considerar que porque ayer la ministra de Seguridad Sabina Frederic dijo que van a coordinar con la Ciudad eso va ocurrir. Tienen que esperar lo peor. Esa sería la manera eficiente de anticipar lo peor. Lo que ha demostrado el gobierno nacional es que está esperando o para meter la mano en el bolsillo de la Ciudad o para directamente desmantelar su autonomía. Cristina Kirchner detesta la capital porque la capital le es refractaria. Porque la capital no le perdona la corrupción. Porque la capital tiene otras expectativas que no coinciden con su universo de dádivas y de mesianismo. Entonces hay que esperar lo peor porque Cristina Kirchner es la líder de ese espacio".

"Con ese criterio, ¿qué pasa si la Policía Federal va y cierra un comercio o un restaurant, sin tener legalmente la potestad de hacerlo? Ayer el vicejefe de Gobierno porteño, Diego Santilli, decía que lo iban a denunciar. El peligro es que si hay una orden mal interpretada porque el presidente ordenó actuar a las fuerzas federales, podemos estar lamentando algo más grave. Y eso lo tienen que decir una y mil veces. El llamado a la legalidad y la advertencia tiene que decirse una y mil veces por parte de las autoridades porteñas", dijo.

"Hoy a las 10 finalmente se reúne el presidente con el jefe de Gobierno porteño. ¿Saben qué sentí? Primero, me impactó para bien Rodríguez Larreta pidiéndole la reunión públicamente al presidente. Pero dije: “Era antes, presidente”. O sea, es una capitulación por estupidez, en el fondo. Es haber perdido la oportunidad de quedarse callado, de ser estratega y de practicar la alta política. Esto es el hondo bajo fondo. Este es el fango. Y acá viene otra cuestión. ¿Se acuerdan lo que pasó en Formosa? Esa Formosa que nunca se le rebelaba a Gildo Insfrán, se le rebeló con los gastronómicos. Lo que antecedió a esa rebelión, que finalmente ganaron los locales que decidieron seguir adentro, fue una represión brutal. Represión y detención a mujeres. Periodistas y menores encarcelados. Ante esa represión y denuncias por violaciones a los derechos humanos, el gobierno nacional no tuvo ni en una carpeta la idea de la intervención federal, pese a la ristra de abusos de poder que hay en el reino de Gildo Insfrán. Y a la capital la quieren intervenir de prepo y la quieren convertir en Formosa", aseveró.

"En estas horas, hablamos de que ante cualquier problema como la inflación, la única idea del Gobierno era un cepo. Por ejemplo, apareció algo parecido a un cepo a la carne. Pero, ¿saben qué? La suspensión de clases también es un cepo. Es un cepo a la infancia sana de nuestros niños. Señores del Gobierno, trajeron a la política a los jóvenes de la próxima década porque los hicieron salir a protestar con siete u ocho años. En mi vida pensé que iba a ver a un nene o una nena con una bandera argentina parado ante la quinta de Olivos ante un escuadrón de hombres pertrechados que miraban incapaces de estar a la altura de esa criatura", aseguró.

Y cerró: "La verdad, tal vez estoy pecando de idealismo. Señor presidente de la Nación, muchas veces reconsiderar una medida es visto como debilidad. Pero permítame decirle que en realidad es una fortaleza. Una fortaleza que solo tienen los grandes o los que detentan alguna voluntad de grandeza. Tal vez, si su agrupación política suspendiera por un momento el placer de someter por la grandeza de la sensatez y de la unión nacional, usted podría dar ese paso de reconsiderar una medida. Tiene una oportunidad de reconciliarse un poco con la sociedad. Ojalá no la pierda".



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