06/11/2015

Culturas

El olor de la comida le da asco luego de un by pass gástrico

"No voy a morir con mi cuerpo atrapado. Era lo que yo tenía miedo, de morirme en esta cama".

André Moreno Sepúlveda, de 38 años, fue sometido a un "by pass" gástrico. Llegó a pesar 450 kilos pero ahora espera llegar a apenas 80 en un año. 

 

"No voy a morir con mi cuerpo atrapado. Era lo que yo tenía miedo, de morirme en esta cama", le dijo el paciente a los periodistas del canal Univisión que fueron a visitarlo en su casa, donde el mexicano se recupera de la cirugía con una sonrisa franca debajo de sus bigotes.

 

El doctor José Castañeda, quien encabezó el equipo de expertos que lo operó, explicó que Moreno debe tomar básicamente líquido y papillas durante al menos quince días e ir añadiendo sólidos de manera paulatina.

 

Aunque uno podría imaginarse su lucha interna para mantenerse a dieta, André confiesa: "No me da hambre. Han cocinado aquí en casa y me da asco el olor de la comida".

 

Andrés, que llegó a pesar 444 kilos, fue sometido a una derivación biliopancreática con cruce duodenal que, según los médicos del Hospital Arboledas, se trata del procedimiento que mejor resultado aporta en pacientes con obesidad extrema.

 

Ahora su estómago no aceptará más que una octava parte de su capacidad anterior a la intervención y quedará pronto saciado, mientras que su intestino, que quedó de menor tamaño, provocará una digestión más rápida y con menor absorción.

 

Sin pasar hambre, el paciente irá perdiendo peso poco a poco hasta situarse en torno a los 80 kilos en un plazo de un año, es decir, 355 menos desde que comenzó su tratamiento con Castañeda.

 

El dramático cambio físico le ha provocado también algo importante, ya que varió la forma de ver su realidad: "La vida es muy bonita y hasta ahora la empecé a valorar a mi vida", concluyó.

 

 

 

 

 

 



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