17/06/2020

Culturas

La primera vez casi siempre es la peor

Cuento de Juan Manuel Aragón - (Especial para El Diario 24)
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La primera vez casi siempre es la peor

Después de esto nunca voy a ser la misma, dijiste. No es así, mi amor, intentaba tranquilizar la situación, poner paños fríos sobre esa noche fatal. Te miraba tratando de no poner ninguna cara, intentaba mostrarme serio, apesadumbrado, pesaroso, pero pensaba que no era para tanto,che. Vos, porque lo has hecho muchas veces antes, pero yo nunca había caído tan bajo, moqueabas y te torturabas.

Me acusaste de ser de lo peor. Incluso me llegaste a decir que te arrepentías de haberme conocido. Estabas enfurecida. Para qué te habré hecho caso, repetías a cada instante. Yo pensaba que la oscuridad, si no es la madre de todos los pecados, carga sobre sus espaldas con la mayoría, sobre todo los más felices, los que más satisfacciones proporcionan al alma. Y al cuerpo, si vamos a decirlo todo.

Afirmé que no era para tanto, pero fue peor. Seguro que lo has hecho también con todas tus mujeres anteriores, por eso insistías, para rebajarme a su misma altura, crees que eso te da poder, ¿eh?, supones que ahora voy a ser una tierna corderilla comiendo de tu mano, trabajando como esclava, te quejabas, sollozabas, llorabas quedamente mientras clamabas por algo que no tenía solución.

No quería arrepentirme, sobre todo porque en eso iba mi reputación. Además hay cosas que no vuelven más, chau, chau, adiós. Si te he visto no me acuerdo. No había forma de recular. Ni quería, si vamos al caso. Podrías haberme dejado esa misma noche. De todas maneras, pensé, si se va con otro, volverá a hacerlo. Entre nuestra gente, lo haces una vez y sigues para siempre. Pero ahora que lo pienso, es algo que les sucede a todos.

Traté de calmarte. Aseguré que habíamos sido discretos, que nadie nos había visto, las sombras de aquel muro nos habían protegido de miradas indiscretas, insistí en que hay miles de personas que lo hacen cotidianamente, en todo el mundo, a toda hora, algunos lo planean y otros aprovechan la ocasión. No te preocupes, querida, nadie tiene que saberlo, vos no vas a contar nada y yo menos, intenté calmarte.

Al rato, después de haber llorado un buen rato, me preguntaste cuánto nos darían por la bicicleta que habíamos chacado. Respondí que lo suficiente para comer dos o tres días. Te quedase tranquila.

Todo volvió a estar bien.

Juan Manuel Aragón                   

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