12/04/2021

Culturas

El perro del empresario y el del policía y la sociedad de cada uno

Escribe Juan Manuel Aragón - (Especial para El Diario 24)
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El perro del empresario y el del policía y la sociedad de cada uno

Siento curiosidad por dos de las tantas clases de perros conocidas. Por un lado, el callejero, libre y feliz, viviendo como le canta la voluntad de cada día o el guardián, apostado en el portón, cumpliendo su encomienda de cuidarlo contra quien fuera.

Un empresario conocido me dice: “El callejero es un infeliz en busca de una caricia, un hueso pelado, un silbido cualquiera para irse detrás de quien lo ofrezca. Anhela una tarea para cumplirla a rajatabla y no le gusta la vida sin saber qué comerá mañana. Prefiere poco y seguro antes que banquetes imaginarios de bohemio y soñador”.

Un amigo en sus tiempos supo ser policía. Para él no hay nada como los de la calle. Les ofrece los restos de comida en la puerta de la casa y alimenta a los de su cuadra, hambrientos, pero agradecidos y felices. Recuerda que una vez hizo pasar a un barcino de ojos mansos, pero esa misma noche lo liberó, lloraba, no aguantó el encierro del patio.

¿No será —me digo— que cada uno interpreta a los animales según sus creencias? El dueño de una empresa cree que sus empleados necesitan reglas claras para ganarse el pan. Y el policía supone: quienes han nacido sin barrotes a la vuelta, en su vida los evitan, como los buenos ladrones que quizás pescó en su actividad.

Una vez les averigüé si con sus respuestas no mostraban parte de sus recelos y miedos acerca de la sociedad. Pero ambos contestaron: “Preguntaste de perros y te hablamos de perros, lo otro es idea tuya”. Pucha, sigo pensando.

Juan Manuel Aragón                   

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