25/06/2021

Culturas

El imprescindible pan nuestro de cada día

Escribe Juan Manuel Aragón - (Especial para El Diario 24)
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El imprescindible pan nuestro de cada día

Imprescindible alimento de todos los días, el pan francés. Forzoso en la mesa de los argentinos, “sine qua non” del asado, las pastas, la ensalada, los quipis y hasta las empanadas y las pizzas. Hay quienes no se sientan a la mesa si falta y sienten su fatal ausencia por más que estén saboreando el más exquisito manjar. Es uno de los panes más simple: harina, agua, levadura, sal, mejorador –no quiquirimichi: está prohibido– y horno. No tiene grasa ni aceite, no es frito y solamente está contraindicado para los celíacos.

Los panaderos elaboran exquisiteces: tortas, tartas, migas, roscas, magdalenas, bollos, rosquillas, empanadillas, tortillas, chipacos, trenzas, panecillos, pastelitos, bocaditos, masas para pizza, masas finas. Es necesaria habilidad especial, gusto exquisito, práctica cotidiana y sapiencia de años intentando nuevas combinaciones, gustos más perfectos. Pero se hacen ver en la sencillez del pan francés.

Algunos empiezan oteando a la tardecita cómo estará el clima a la noche, de eso dependerá la cantidad de levadura que sumarán a la masa. Muchos saben calcular, a ojo de buen cubero, cuánto venderán mañana, de qué humor se levantará la gente, qué cocinará la patrona y de acuerdo a eso tendrán más o menos producción.

Oficio duro, con madrugones crueles rumbo a encender el horno para las primeras bandejas, perfumando la panadería. Hacen desear un cacho a los changos cuando vuelven del baile y son un infierno de calor en el verano.

Los panaderos todos los días andan con las manos en la masa, llevan una porción de felicidad casi mínima a la mesa de los argentinos. Y al mandato evangélico de “el pan nuestro de cada día dánosle hoy”, lo vuelven crocante, sabroso.

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