11/07/2021

Culturas

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De qué manera empieza a formarse la cobardía entre los hombres

Juan Manuel Aragón - (Especial para El Diario 24).
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Este era el antiguo hotel de Ledesma, actualmente se usa con otros fines. De qué manera empieza a formarse la cobardía entre los hombres.

Como había empezado a ir a inglés al Chaucer Institute, un día tomé coraje y fui a verla. Le diría: “I am a boy, you are a girl” y “the rose is red, the blackboard is black” para conquistarla. No consideré la posibilidad de que me rechazara. Pero si me aceptaba, después lo supe, no tenía idea de cómo seguir la historia.

Me enamoré perdidamente. Me parecía la mujer más hermosa del mundo. Yo no pasaba de los 8 años, y tuve una sensación rara. Un asunto difuso, ¿no?, a esa edad no tenía los pensamientos lascivos puestos en el lugar correcto, por llamar de alguna manera lo que me sucedía.

En la década del 60 cayeron al pueblo Ledesma, en Jujuy, Sarah y David, norteamericanos, paraban en el hotel y se hicieron conocidos: él era rubio y ella, descendiente de africanos. Para decirlo con palabras de entonces, una negra casada con un blanco.

Después de conocerlos, mi padre los invitó a almorzar y como éramos chicos, nos advirtieron a los hermanos no hacer ningún comentario sobre su color de piel. Será que las nuevas generaciones incorporaron conceptos desconocidos para las anteriores, pero no me llamó la atención el detalle.

El hotel era como una casa antigua, una amplia galería y habitaciones a los costados. Golpeé la puerta, me atendió ella, no estaba David, me hizo pasar. Se me secó la garganta, me transpiraban las manos. En un hilo de voz desconocido para mí, le dije que me había mandado mi mamá a darle un mensaje, pero lo había olvidado. Ella se rio, me acarició la cabeza, me dio un vaso de agua y me fui.

Un tiempo después Sarah y David volvieron a Estados Unidos y un día a mis padres les llegó la noticia de que se habían divorciado. El corazón me dio un vuelco, pensé en ir a buscarla. Pero para ese entonces ya sabía que era un cobarde con las mujeres y no hice ni el amague.

Juan Manuel Aragón

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