29/03/2022

Culturas

UNA HISTORIA IMPENSADA

El parentesco de Frías con la bomba sobre Hiroshima

Por: Juan Manuel Aragón
Por Juan Manuel Aragón (Especial para El Diario 24)

Una leyenda incomprobable da vueltas, desde hace varios años sobre Frías, ciudad del suroeste santiagueño, cercana a Córdoba, Catamarca y Tucumán. Dice que uno de los militares que tripulaban el Enola Gay, avión desde el que cayó la bomba atómica sobre Hiroshina vivió, de niño, en esa ciudad, pues su padre era jefe o trabajador de la estación.

En ese avión iban Jacob Beser, teniente primero; Norris R. Jeppson, teniente segundo; Theodore J. Van Kirk, capitán; el mayor Thomas W. Ferebee; William S. Parsons, Capitán; el coronel Paul W. Tibbets Jr. y el Capitán Robert A. Lewis. En segunda linea el sargento Robert R. Shumard, el soldado Richard H. Nelson, y los sargentos Joe A. Stiborn, Wyatt E. Duzenbury y George R. Caron. Ninguno de cuyos apellidos figura en la lista de los jefes de estación que pasaron por Frías.

Hace unos años investigué el tema en dos o tres opúsculos sobre historia de Frías que andan dando vueltas por las bibliotecas de Santiago. Si hallaba, aunque fuera una puntita del hilo para tirar, tenía pensado viajar a la que sus habitantes han llamado “Ciudad de la Amistad”, para ver si hallaba algo más.

Hablé por teléfono con un viejo periodista friense, Luis Alberto Yudi, para ver si me ayudaba en la búsqueda y, a pesar de que era un hombre mayor, no conocía la leyenda. Si una persona bien informada como Yudi, desconocía el tema, no valía la pena gastar uno o varios días de estadía y el dinero del pasaje de ida y vuelta para algo inexistente.

En realidad, visto la enormidad de lo que les tocó hacer a aquellos soldados de la Segunda Guerra, es irrelevante el hecho de que uno de ellos haya vivido en Frías cuando era chico, si es que alguno estuvo en esa ciudad, por supuesto. Es una información que, de ser comprobada, sería nada más que una anécdota curiosa.

En el periodismo, de cada diez frustraciones, una se comprueba de manera fehaciente: las demás son historias que no eran tales, noticias que no son como parecen, primicias a las que se llega tarde. Para peor, en este mundo febril de internet, la que se halla quizás no es la que más les interesa a los lectores.

Por otra parte, muchos se muerden de rabia al recordar que, a Harry Truman, el presidente norteamericano que ordenó arrojarla, nadie lo acusó formalmente de nada en ningún tribunal sobre la redonda Tierra. En tanto, el general Hideki Tojo, primer ministro de Japón durante la mayor parte de la Segunda Guerra, fue considerado un criminal de guerra y ejecutado por ahorcamiento.

Antes de que termine leer esta nota, un favorcito, si va por Frías uno de estos días y se acuerda de esta nota, por favor, averigüe qué hay de cierto en la leyenda, entre sus amigos, clientes o favorecedores. Aguardo su cartita a vuelta de correo.






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