13/04/2022

Culturas

LA NUEVA COMUNICACIÓN

La vez que me entrevistaron en la radio y me enteré del podcast

Por Juan Manuel Aragón (Especial para El Diario 24)

La primera vez que fui a una radio a que me hagan una entrevista, acababa de ganar un premio literario. Me invitaron a Radio Nacional. Todo bien, me preguntaron por mi vocación, cómo se me ocurrían los cuentos, dónde había nacido, esas cosas. Después me convidaron dos o tres ocasiones más, una inteligencia modesta como la mía, me imagino que no merece más halagos de la radiofonía de frecuencia o amplitud modulada de Santiago del Estero.

La última vez fue una experiencia frustrante. Me sentaron con dos escritores, uno era un poeta joven, bastante bueno, de quien había leído, y publicado en mi revista, algunos trabajos. El otro era un completo desconocido, al menos para mí, que acaparó 45 minutos de la hora que teníamos para promover nuestros libros.

Colegí que era un termeño, pues entre sus graves parrafadas avisó que de joven iba a Mar del Plata a trabajar en el rubro gastronómico, como parte de un éxodo masivo que es común en esas tierras. Y después se puso a hablar de algo que era completamente desconocido para mí, el podcast, encantado, mucho gusto. Suena difícil, pero es lo que uno escribe, pasado como grabación.

La charla iba del podcast de aquí, al podcast de allá, el podcast te permite esto, el podcast es lo mejor para aquello, lo maravilloso del podcast es que es bueno para muchas cosas. Todo envuelto en un palabrerío de tinte modernoso, del que apenas rescaté algunas ideas, por mi culpa colegí, pues no me actualizo. El poeta y yo fuimos, esa tarde, apenas una comparsa que acompañó la grave importancia del hombre aquel.

Me prometí entonces no ir más a una radio. Total, pensé, las emisoras de la provincia han funcionado sin mí durante largos años y pueden seguir de aquí a la eternidad de la misma forma. Ellas por su lado, yo por el mío. Después de eso me hablaron por teléfono para hacerme una sola entrevista más. No sé qué me preguntaron, pero respondí con algunas ideas que me andaban dando vueltas por la cabeza en esos días.

Y luego es como que hicieron correr la voz de que mi mediocridad no merece ser pasada en limpio en ninguna radio de Santiago. Agradezco profundamente esa ignorancia, siempre tuve antipatía por los tipos que hacían algo y después salían a contarlo con unas ínfulas dignas de causas más nobles. Quién soy yo para que me pregunten algo, me digo. Respuesta, dos puntos, nadie.

Eso nomás quería contar. Ahora, siga en lo suyo, amigo.





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