09/02/2017

Deportes

La Selección Sub 20 logró un agónico empate con Brasil y ahora necesita un milagro

El combinado juvenil estuvo a segundos de quedarse sin la clasificación al Mundial de la categoría. Sigue con vida pero necesitará una goleada ante Venezuela.

Argentina estaba obligado a ganar en el clásico con Brasil, por la penúltima fecha del hexagonal final del Sudamericano Sub 20, que otorga cuatro pases al Mundial de la categoría.

 

Parecía que iba a ser derrota con eliminación, pero sobre la hora llegó la igualdad de Lautaro Martínez, de cabeza. El 2-2 la dejará mano a mano con Venezuela, a quien deberá vencer por cinco goles el sábado, o esperar que Colombia, que marcha última con un punto, se imponga sobre Brasil en esa última jornada, que dirimirá, además, al campeón del certamen. Sin brillo, pero con empuje, los juveniles atropellaron a Brasil, un equipo con escasas luces.

 

Se rompió rápido el partido, con la primera pelota que cayó al área argentina: envió Dodó y apareció Richarlison para que en el segundo intento, y ante la marca de Romero, quebrar la paridad. Era un momento de estudio e imprecisiones, porque los dos equipos se jugaban demasiado en el clásico: la posibilidad de seguir con chances de llegar a la cita mundialista asiática. La Argentina asimiló el golpe, se adelantó y comenzó a crear riesgo mediante el juego aéreo. Una faceta que durante el campeonato no desarrolló y que ante la canarinha asomaba como un desafío, por el físico de los centrales Lyanco y Leo Santos y la presencia del arquero Lucas Pierri, que reemplazó a Caique, titular en todo el torneo.

 

Con Lucas Rodríguez como encargado de los lanzamientos, Cristian Romero inquietó con un par de cabezazos; también Lautaro Martínez, después de un desborde por la izquierda de Brian Mansilla, que con sus corridas y habilidad recuperó la imagen, aquella que había desaparecido en las tres jornadas del hexagonal final, después de ser una de los argumentos ofensivos más relevantes en la etapa de grupos, en Ibarra. La respuesta de Brasil también fue con una acción de pelota detenida: Leo Santos, de cabeza, estrelló la pelota en el travesaño; en la segunda jugada convirtió, pero en posición adelantada.

 

El cambio posicional de los volantes externos trajo consigo la acción del empate. Mansilla desbordó por el sector derecho y la pelota terminó en córner; ejecutó Rodríguez y Romero volvió a imponerse en lo alto para que Mansilla, de atropellada, mandara el balón a la red. Fue una muestra de una reacción que el equipo no evidenciaba y que regalaba esperanza. Un lapso en el que los juveniles enseñaron energías renovadas, con aire para presionar y sentirse protagonistas ante un rival que no tiene la jerarquía de otros tiempos, más allá de nombres como Felipe Vizeu o Caio Henrique. En ese contexto, hasta sacó a relucir el remate de media distancia la Argentina: sin puntería, pero animándose a ensayar una virtud que exhibió poco a lo largo del certamen.

 

Como en el primer tiempo, Brasil fue el primero en generar peligro. Una trepada de Guilherme Arana, lateral izquierdo, finalizó con un remate cruzado que viajó junto al poste izquierdo. Un agarrón de Belmonte advertido por el árbitro chileno Roberto Tobar volcó el resultado. El juez sancionó la infracción y Felipe Vizeu se hizo cargo de la ejecución: el goleador de Brasil no falló. Se fortaleció el conjunto de Rogério Micale, se desdibujó la selección, que intentó con arrebatos torcer una historia que no le fue lineal.

 

Ingresó Ezequiel Barco, también Ramón Mierez para robustecer el juego aéreo, pero ya la selección estaba obnubilada y los envíos sobre el arco de Lucas Pierri eran defectuosos. Llamativamente, el artillero del equipo, Marcelo Torres, quedó relegado en el banco de los suplentes en una instancia en la que la clasificación para Corea del Sur parecía dejar de existir. (lanacion.com.ar)





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