15/10/2022

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Una psicóloga habla de la polémica por “Tini”: “La erotización de las letras distorsiona la psiquis de los niños”

La polémica la desenhebró el obispo emérito uruguayo Jaime Fuentes, al hablar sobre la letra de la canción “Triple T” de Tini Stoessel y advertir a madres y padres sobre su contenido

La polémica la desenhebró el obispo emérito uruguayo Jaime Fuentes, al hablar sobre la letra de la canción “Triple T” de Tini Stoessel y advertir a madres y padres sobre su contenido. Los videos que sube a su canal de YouTube suelen tener entre 200 y 900 visualizaciones; en este caso ya superó las 26 mil. Luego de leer la letra, les habló a ellos: “¿Son conscientes de que este tipo de literatura, por decirlo de alguna manera, va entrando a las cabecitas, el corazón y las conductas de sus propias hijas? Me parece que no. Quiero pensar que es por ignorancia. Quiero pensar que ningún papá o mamá piense ‘bueno, está perfecto, es una pavada’. El que piense que es una pavada, pobre de él. Lo siento en el alma”.

El obispo abrió un interesante debate que, por supuesto, no termina en la artista argentina ni la estigmatiza a ella. En la década del ‘70, quizás el más iluminado letrista de rock, Luis Alberto Spinetta, escribió “me gusta ese tajo, que ayer conocí; ella me calienta, la quiero invitar a dormir”. Más allá de la excepcionalidad de esta letra en su repertorio, el rock llegaba a un público joven, pero no a la niñez. Ahora, seguramente, al prelado le llamó la atención la gran cantidad de niñas y adolescentes que hubo en el recital de Tini en Montevideo (como sucedió aquí con su serie de shows en el Campo de Polo).

Ese es el verdadero meollo del debate, y va más allá de un músico o cantante en particular: el efecto que las letras de la música urbana (que engloba entre otros ritmos al trap, el hip hop, el reggaetón y cierto tipo de cumbia) tiene en los menores de edad. Por eso Fuentes apuntó no tanto a Tini, sino a la responsabilidad paterna sobre lo que escuchan (o ven) sus hijos en general. La doctora en Ciencias Sociales e investigadora del Instituto Gino Germani Ana Wortman, en su trabajo “Internet, plataformas digitales y gustos musicales de los adolescentes de CABA” publicado en la revista Hipertextos en 2019, señaló:  “el consumo musical de los adolescentes constituye un fundamento clave de su identidad. La conformación de espacios de socialización juvenil, la expansión de los años de escolarización, la creciente presencia de medios de comunicación y formas de reproducción de sonidos musicales, han permitido que estos nuevos grupos sociales encuentren un lenguaje en la música”.

También estudió sobre la nueva escena musical el sociólogo e investigador del CONICET Mendoza Nazareno Bravo, quien junto a la profesora de música María Emilia Greco escribió en su investigación “La elaboración de identidades mundializadas a través del trap. Marginalidades juveniles, consumismo y experimentación musical”: “Una de las características llamativas de esta escena musical son sus letras, repletas de referencias al consumo y la venta de drogas, la ostentación de riquezas, el robo, entre otras. Esos ítems, coexisten con la reivindicación del grupo de amigos, el amor a la madre, la vida en el barrio y la importancia de ser ‘real’. Por lo general, se plantean posicionamientos sumamente sexistas respecto de las mujeres, inclusive entre las cantantes”. Y añaden que ese estilo -el que más incidencia tiene en nuestro país-, del que surgieron verdaderas estrellas mundiales como Paulo Londra, Duki, Khea, Trueno, María Becerra, Cazzu, Nicki Nicole, Emilia Mernes, Rusherking, entre otros, “está abocado exclusivamente a estos aspectos o, cuando menos, son su columna vertebral. Es decir, no se trata de un desprendimiento temático, sino de su leitmotiv”.

Elvecia Trigo (M. 5442) es una prestigiosa psicóloga, especialista en psicoanálisis de niños y adolescentes que pertenece a la EAPG, la Escuela Argentina de Psicoterapia para Graduados. En su opinión, para entender este problema no se puede soslayar que los niños tienen un acceso casi irrestricto a este material: “los papás tendrían que estar atentos a las letras que ellos escuchan. El problema de fondo es que los chicos tienen acceso al celular antes de la edad permitida, que serían los 12 años. Y lo que consumen sus hijos en las pantallas, con redes sociales en las que está todo, también en materia de pornografía, son canciones que sexualizan, erotizan y generan una distorsión sensorio perceptiva en sus cabezas. A través de esas canciones, la noción que construyen del encuentro con el cuerpo del otro u otra no es cuidadosa, sino burda, grotesca, insensible, y no ayuda en nada”.

La psicóloga señala, además, que “si el papá está atento, lee esas letras, las escucha y tiene diálogo con el hijo, le puede explicar que hablan de droga, sexualidad y maltrato en las relaciones humanas, en la pareja. Todo eso es malísimo, porque se supone que la convivencia y las buenas relaciones son las que uno le intenta enseñar a un niño. Hay un punto importante, y es que el niño está subjetiva y psíquicamente en medio de una construcción, en la que hay que tratar de darle elementos armoniosos, creativos y que pongan el interés hacia algo que le haga bien. El padre tiene que controlar lo que escucha, lo que ve”.

Para Trigo, una buena forma de encarar el tema sería a través de la escuela, porque, enfatiza, “prohibir algo en los adolescentes no sirve para nada. Lo que sirve es reunirse, hablar de las letras. Sería ideal que se hicieran talleres en las escuelas, pero lamentablemente, parece que en este momento a nadie le interesa hacer pensar. Ya que los chicos cantan, y les interesa lo musical, se debería promover el análisis de esto, para que no los sorprenda y sepan diferenciar lo que les hace bien y lo que les hace mal. (Mario) Pergolini lo hacía en una época, reunía a los adolescentes para conversar sobre las letras de las canciones y saber qué pensaban. El adolescente a partir de los 13 o 14 años está capacitado para hacer un análisis de esas letras”.

Para la especialista, la hipersexualidad de las canciones no llega al punto de vulnerar los derechos de los niños y adolescentes, pero advierte que “esta erotización en las letras distorsiona el desarrollo de la psiquis de los niños menores de 12 años. No es una sexualidad sana. No entienden muy bien de qué se trata, no están preparados para entender en su totalidad qué es una relación amorosa, íntima, sexual. Lo que hace es apestillar, llenar la cabeza de conceptos, imágenes y palabras que distorsionan la construcción de la verdadera relación sexual, que debe ser armónica, amorosa y cariñosa.

-¿Eso puede producir angustia en los menores?

-Claro que los puede angustiar. Si no está el filtro de la cabeza de los padres o del adulto docente explicándoles, puede provocar miedo, confusión, inhibición, rebeldía y agresión, todo esto. Porque el niño es algo frágil, vulnerable, frágil, sensible, que está abierto con curiosidad al mundo, y pasa a ser rehén de este tipo de letras. Está en evolución, en una constitución subjetiva para convertirse en una persona con libertad de pensamiento, con armonía y equilibrio emocional, una persona más segura y autónoma, y todo esto lo impediría. Pensemos que la sexualidad es una corriente de vida si la tomamos como libido, lo opuesto al tánatos; pero la hipersexualidad es tanática, quiere decir que para un niño es destructiva, va destruyendo la construcción subjetiva de un niño al que le debemos enseñar cómo es esto de las relaciones, del amor, del cuidado, de la atención. Está la responsabilidad del adulto, con su ética de decir esto sí y esto no.

Fuente: Infobae




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