07/11/2020

Sucesos

JUSTICIA

Indignación por el pedido para que un cura procesado por abuso sexual cumpla arresto domiciliario

Las dos presuntas víctimas que impulsaron la acción en su contra, una de ellas como querellante, eran monjas.

El hombre fuerte de la Iglesia Católica en Argentina, Mario Aurelio Poli, entregó su firma y su sello con toda su investidura en la mesa de entradas del Tribunal Oral en lo Criminal N°3 por un hombre que esperaba su hora de juicio en una celda del penal de Ezeiza: el padre Manuel Fernando Pascual.
El delito por el que fue imputado Pascual fue el de abuso sexual con acceso carnal gravemente ultrajante, agravado por la condición de sacerdote católico. Las dos presuntas víctimas que impulsaron la acción en su contra, una de ellas como querellante, eran monjas.
Durante al menos cuatro años, entre 2012 y 2016, Pascual, de acuerdo a la acusación en su contra que lo llevó a la Justicia, supuestamente atacó en forma serial a dos religiosas integrantes de la congregación Hermanas de San José que tenía a su cargo. Eran tocamientos y sexo oral. Lo hacía en un campo en el partido de Capitán Sarmiento llamado La Ermita, donde la orden de religiosas realiza retiros espirituales, o en una obra a cargo de las hermanas en la calle Ernesto Bavio en Núñez, el Hogar Amparo Maternal, que alberga a mujeres en situación de calle junto a sus hijos.
Pascual intentaba que hablaran de sus traumas, o les hablaba de soltar la mujer de deseo oculta quizás en su interior. Se forzaba sobre ellas, las obligaba a ciertas perfomances. También tenía otras excusas. Una de sus víctimas declaró que “lo hacía para para que gozara y aprendiera a gozar”. El expediente en su contra tiene como prueba un escrito que el cura le entregaba a sus víctimas: “Lectura cristiana de la sexualidad femenina” era su título, una rara pastoral.
Una de las religiosas, según su testimonio, fue atacada en el campo de las Hermanas de San José, mientras el cura daba misa en privado. En la privacidad del campo, con el pan en su mano, Pascual tomó a la religiosa, la acarició. Luego, sin soltar la eucaristía, subió con su mano hasta su entrepierna. La monja rompió en llanto.
El padre Pascual no solo fue acusado de tocamientos furtivos, sino también de violación, abuso sexual con acceso carnal gravemente ultrajante agravado por su función de sacerdote, por aprovecharse de su rol de poder, cuatro años de presuntos ataques desde 2012 hasta 2016. Su primera víctima, que había sufrido otro abuso sexual años antes, lo acusó de penetrarla por la fuerza en la boca: Pascual era su confesor.
“Quiero verte desnuda en el campo”, le habría dicho el cura a la monja, según su relato.
Por este hombre, el 30 de abril de 2020, Mario Poli, cardenal primado, se presentó en Tribunales.

El hombre fuerte de la Iglesia Católica en Argentina, Mario Aurelio Poli, entregó su firma y su sello con toda su investidura en la mesa de entradas del Tribunal Oral en lo Criminal N.º 3 por un hombre que esperaba su hora de juicio en una celda del penal de Ezeiza: el padre Manuel Fernando Pascual.

El delito por el que fue imputado Pascual fue el de abuso sexual con acceso carnal gravemente ultrajante, agravado por la condición de sacerdote católico. Las dos presuntas víctimas que impulsaron la acción en su contra, una de ellas como querellante, eran monjas.

Durante al menos cuatro años, entre 2012 y 2016, Pascual, de acuerdo a la acusación en su contra que lo llevó a la Justicia, supuestamente atacó en forma serial a dos religiosas integrantes de la congregación Hermanas de San José que tenía a su cargo, detalló Infobae.

Eran tocamientos y sexo oral. Lo hacía en un campo en el partido de Capitán Sarmiento llamado La Ermita, donde la orden de religiosas realiza retiros espirituales, o en una obra a cargo de las hermanas en la calle Ernesto Bavio en Núñez, el Hogar Amparo Maternal, que alberga a mujeres en situación de calle junto a sus hijos.

Pascual intentaba que hablaran de sus traumas, o les hablaba de soltar la mujer de deseo oculta quizás en su interior. Se forzaba sobre ellas, las obligaba a ciertas perfomances. También tenía otras excusas. Una de sus víctimas declaró que “lo hacía para para que gozara y aprendiera a gozar”.

El expediente en su contra tiene como prueba un escrito que el cura le entregaba a sus víctimas: “Lectura cristiana de la sexualidad femenina” era su título, una rara pastoral.

Una de las religiosas, según su testimonio, fue atacada en el campo de las Hermanas de San José, mientras el cura daba misa en privado. En la privacidad del campo, con el pan en su mano, Pascual tomó a la religiosa, la acarició. Luego, sin soltar la eucaristía, subió con su mano hasta su entrepierna. La monja rompió en llanto.

El padre Pascual no solo fue acusado de tocamientos furtivos, sino también de violación, abuso sexual con acceso carnal gravemente ultrajante agravado por su función de sacerdote, por aprovecharse de su rol de poder, cuatro años de presuntos ataques desde 2012 hasta 2016.

Su primera víctima, que había sufrido otro abuso sexual años antes, lo acusó de penetrarla por la fuerza en la boca: Pascual era su confesor.

“Quiero verte desnuda en el campo”, le habría dicho el cura a la monja, según su relato.

Por este hombre, el 30 de abril de 2020, Mario Poli, cardenal primado, se presentó en Tribunales.

Poli se presentó, precisamente, en medio de un incidente de prisión domiciliaria planteada por la defensa del sacerdote. Según el texto, lo hacía por segunda vez. El documento, con el membrete del Arzobispado porteño, estaba dirigido al entonces presidente del Tribunal N°3, el juez Gustavo Valle. “De mi distinguida consideración”, saludó el cardenal primado.

“Reitero el ofrecimiento que oportunamente hiciera de constituirme en fiador personal para la concesión de su exención de prisión, a fin de ofrecer al Tribunal -para el caso en el que se considere inadecuado el domicilio aportado por la Defensa-, de cumplir la prisión domiciliaria en un domicilio del Arzobispado de Buenos Aires, del que soy el titular”.

Luego, Poli firmó. El mensaje es obvio: el cardenal primado ofreció propiedad de la Iglesia a su cargo para que un sacerdote acusado de violación evite la cárcel. Hay otra línea llamativa. En el documento, Poli incluyó el nombre de la religiosa querellante.



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