27/04/2011

El mundo

Críticas contra el futuro beato Juan Pablo II

En la cuenta regresiva de la de la beatificación de Karol Wojtyła, una minoría católica cuestiona la rapidez del proceso.

Mientras el Vaticano se prepara para avanzar en el proceso de santificar al fallecido pontífice este domingo, el mundo católico está inmerso en una fiebre por la beatificación.

Los frenéticos preparativos en la capital italiana, su país natal Polonia y en todo el mundo han generado tanta atención como la boda real británica el viernes y silenciado una minoría de voces católicas que se preguntan cuál es el apuro.

En el funeral de Juan Pablo, la multitud gritó la hoy famosa frase "Santo Subito" y la beatificación de Juan Pablo ha marcado un récord de velocidad para los tiempos modernos, ocurriendo a seis años y un mes de su muerte, el 2 de abril del 2005.

Su vida, sus obras y sus escritos fueron analizados y los requerimientos para la beatificación fueron completados cuando el Vaticano consideró que la misteriosa cura de una monja francesa que sufría el mal de Parkinson, y que le rezó luego de su muerte, se debió a la intervención de Juan Pablo con Dios para que haga un milagro.

Luego de la beatificación, deberá atribuirse otro milagro a Juan Pablo para convertirlo en santo. Muchos creen que es una decisión ya tomada y que es sólo cuestión de tiempo.

En medio del júbilo, una minoría expresó su desacuerdo.

Figuras liberales de la Iglesia creen que Juan Pablo fue demasiado duro con los disidentes teológicos que querían ayudar a los pobres, sobre todo en América Latina.

Otra crítica contra la beatificación proviene de los ultraconservadores del movimiento lefebvrista Fraternidad Sacerdotal San Pío X, los cuales consideran "un tsunami" contra la fe la consagración como beato de Juan Pablo II.

Para ellos su apertura a otras religiones, los encuentros con líderes de otras religiones monoteístas y las misas cantadas con ritmos modernos, devastaron los principios de la Iglesia.

Pero la crítica más fuerte y reciente es por no haber sabido o querido alejar de la Iglesia a los curas acusados e inclusive condenados por pedofilia.

Para sus detractores no tomó suficientes medidas, claras y firmes, en el 2000 cuando estalló el escándalo en Estados Unidos.

 

 

 



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