25/03/2018

Tucumán

Una fisura entre Manzur y Alperovich alienta la interna peronista

Algunos gestos de marzo muestran que 2019 está demasiado cerca. Jaldo y Ruiz Olivares consolidan una alianza que es seguida con simpatía por Germán Alfaro desde afuera. Reelección o retorno, esa es la cuestión.
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Manzur, Jaldo y Alperovich en busca de definiciones.

La proximidad de 2019 ha comenzado a acelerar los tiempos en las entrañas del peronismo tucumano. Todos buscan un lugar y van imaginando cuál será su propio rol en un año electoral en el que el recambio (o no) de gobernador es la clave.

Parece que Juan Manzur se adaptó y le tomó el gusto a la comodidad del sillón de Lucas Córdoba y le sobran ganas de seguir por cuatro años más jugando en esa posición, pero sabe (desde el primer día de su mandato) que José Alperovich quiere volver a sentarse en el lugar que considera que le prestó hasta que se cumpla el imperativo constitucional que le impide la continuidad perpetua.

Hay algunos hechos que sucedieron en el mes de marzo que demuestran que entre Manzur y Alperovich se abrió una fisura que deberá ser conversada por los protagonistas antes que se convierta en grieta. Mientras tanto, hay otros jugadores que esperan el desenlace para saltar a la cancha y ubicarse en la posición que les sea más rentable.

Osvaldo Jaldo, alejado definitivamente de Alperovich, ha construido un espacio de poder importante tras consolidar una alianza táctica con Antonio Ruiz Olivares. Esa alianza les garantiza un presencia decisiva en las secciones Este y Oeste. Jaldo arma un acto importante en el que dice (y demuestra) que su principal aspiración es la de continuar al frente de la Legislatura repitiendo la fórmula con Manzur. Y Manzur no dice que no y eso a Alperovich lo pone de los nervios.

El vendedor de autos reacciona, lleva al gobernador a tomar un café a su concesionaria y lo muestra en sus redes sociales en un gesto que en el Palacio Gubernamental se interpretó como una falta de respeto (o al menos una minimización) a la investidura. De hecho, el batallón que opera en las redes sociales de la Secretaría de Información Pública no hizo ni una sola mención al "café entre amigos".

Alperovich redobla la apuesta y envía a "su" ministro del Interior, Miguel Angel Acevedo, a Banda del Río Salí a juntar a la tropa leal. Solamente 12 delegados comunales y un puñado de dirigentes le responden. Manzur mira y espera. Jaldo minimiza la maniobra invasora en su territorio.

Trascartón Manzur viaja a Aguilares, territorio hegemónico de Sergio Mansilla y su esposa intendenta Elia Fernández, dos alperovichistas de pura cepa. En el lugar, la intendenta le presenta los planos de una obra que sería el punto culminante de su gestión que es muy reconocida por la ciudad: la pileta olímpica. El gobernador con su estilo sutil y disimulado, desalienta el proyecto.

Y en un espacio secundario, la fisura se trasladó a la Universidad Nacional de Tucumán. Acordada la elección de José García como futuro rector, la disputa electoral se trasladó a las facultades aunque sin mayores enfrentamientos. Tal vez la única intrerna de decanatos que aporta algún dato es la de la emblemática Facultad de Medicina. Allí, el actual decano Ricardo Octavio Zelaya quiere seguir en el cargo por cuatro años más pero deberá enfrentar a Mateo Martínez, quien -como Alperovich- quiere volver al cargo.

En los últimos tiempos, Manzur se acercó demasiado a Zelaya, incluso participando de actos académicos que de por sí no justifican la participación del gobernador como figura institucional aunque se puede comprender desde el cariño que siente alguien por una institución que le otorgó el título profesional. Por otra parte todos saben del acercamiento del ministro Gabriel Yedlin con Martínez. Los malpensados toman esa elección como un discreto globo de ensayo de la fisura entre Manzur y Alperovich.

Finalmente, desde afuera, Germán Alfaro observa con enorme interés la puja dentro del espacio formal del justicialismo. Apartado por Alperovich, el intendente de la capital tucumana formó el partido de la Justicia Social como quien espera a que el caracter movimientista del peronismo lo vuelva a recibir. Alfaro se considera (no sin motivos) como mucho más peronista que quienes hoy conducen el espacio.

La coyuntura lo obligó a una alianza por afuera que le permitió acceder a un cargo que aspira a retener por un nuevo mandato. Se comenta en los mentideros políticos que hay frecuentes mensajes entre Alfaro y Jaldo. Incluso se habla, sin pruebas contundentes, hasta de una visita de "amigo" de Alfaro a Jaldo en la residencia tranqueña del vicegobernador. Alfaro es la pata territorial que le falta al proyecto de Jaldo para fortalecerse en toda la provincia. Los une el interés común de desterrar del espacio peronista al ex senador radical devenido en líder justicialista. Y todos los saben.

Mientras trata de que las esquirlas del bombardeo al plan Qunita no lo salpiquen, Manzur hace lo mínimo para que su definición no sea percibida. Es absolutamente consciente de que si funciona la entente Jaldo-Ruiz Olivares-Alfaro no le quedará espacio para "devolver la silla" que Alperovich siente que le prestó. ©eldiario24



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