09/07/2017

Tucumán

La odisea de viajar

Las ideas de Giobellina tienen un qué se yo...

El traslado de los pasajeros por el cierre del Aeropuerto Benjamín Matienzo se decidió de la peor manera posible para beneficiar a una mafia monopólica de remiseros.
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Son más las complicaciones que las soluciones que trajo la idea del traslado al aeropuerto de Termas.

El cierre del aeropuerto de Tucumán trajo complicaciones para los pasajeros que se quieren trasladar a nuestra provincia. Con el fin de aliviar las penurias, las autoridades del gobierno de Tucumán decidieron actuar y tomaron la determinación de poner un servicio de colectivos sin cargo para trasladar a los pasajeros desde Las Termas a la capital tucumana pero lo hicieron de la peor manera posible.

El Ente de Turismo, presidido por Sebastián Giobellina, decidió que los pasajeros irían y volverían desde el propio aeropuerto Benjamín Matienzo. Desde un principio sonaba a despropósito llevar a personas hasta un sitio pasando por el mismo lugar a dónde deberían trasladarse con posterioridad. Pero la realidad llegó a superar el cálculo inicial.

Con bombos y platillos, Giobellina anunció que el servicio hacia y desde el aeropuerto se daba para garantizar la fuente de trabajo de los taxistas y remiseros que prestaban servicios en la terminal aérea. La "loable iniciativa" de garantizar la fuente laboral no contempló que esos "trabajadores" constituyen una verdadera mafia monopólica que se abalanza como aves de presa sobre los recién llegados ofreciendo de manera acosadora sus servicios, al tiempo que no dejan que nadie más pueda brindarlo.

El manejo de esos "trabajadores" no podría ser desconocido por Giobellina quien se supone que es un funcionario que viaja con frecuencia en razón de sus tareas. ¿O será que llegaba al aeropuerto y pasaba de largo sin darse cuenta de las actitudes de los "trabajadores"?

Lo concreto es que los pasajeros se quejan de que llegan en los micros y en algunas ocasiones quedan varados, sin manera de trasladarse porque no hay remises ni taxis suficientes para llegar hasta el centro de la ciudad. En un caso, un turista que arribó a la provincia el 8 de julio, quedó sin poder trasladarse porque no había autos y le ofrecieron llevarlo en uno que estaba chocado en su parte trasera, sin luz de stop y con ¡una heladera en el asiento trasero! Demás está acotar que tampoco tenía chapa patente identificatoria, según relató a El Diario 24. El precio, obviamente, era el mismo.

Nuestro diario se puso en contacto con personal de la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) que tiene a su cargo la seguridad en la zona del aeropuerto, y constató que las guardias de la PSA funcionan de manera reducida debido a que la mayor parte del personal fue trasladado a prestar servicios al aeropuerto de Las Termas. Con esto, se agrava aún más la situación de los pasajeros varados porque ni siquiera tienen garantías sobre sus pertenencias.

Provoca terror imaginarse que un pasajero que llega a la provincia en el último vuelo del día se puede encontrar a las 11 de la noche a casi diez kilómetros de la ciudad sin manera alguna de trasladarse y ni siquiera con la seguridad garantizada.

¿Podrá el señor Giobellina responder porqué decidió "acompañar a los trabajadores" de los autos de alquiler perjudicando a los turistas cuando su función es facilitarles la visita? ¿No es más razonable que los colectivos lleven y traigan a los pasajeros desde la terminal de ómnibus de la capital, que queda de paso entre Las Termas y el Aeropuerto? ¿No era una oportunidad de oro para que el cierre del aeropuerto sirviera para reglamentar un servicio de traslado que sacara del medio a los acosadores de la mafia monopólica y que -incluso- se estableciera un servicio de transporte público razonable como en cualquier aeropuerto del mundo civilizado?

Parece que el señor Giobellina y el gobierno de la provincia prefirieron una actitud demagógica para salir en los medios como sensibles y se pasaron por cualquier parte su responsabilidad como funcionarios que es facilitar la llegada de turistas a los que hay que brindarles las mayores comodidades para dejarles la sensación de que puedan volver y no de que fueron maltratados. ©eldiario24.com

 

 

 

 

 


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