23/10/2017

Argentina

Se acabó el espanto, ahora a gestionar

El aval del electorado a la política neoliberal condiciona al gobierno. La oposición va a comenzar a reagruparse. El 2019 ya está a la vista.
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Los comicios dejaron claro el panorama que se viene para el 2019.

El 40% (número más o número menos) de los votantes le acaba de dar a Mauricio Macri un respaldo a su gestión al tiempo que saca a su partido político del microclima porteño y lo desparrama por todo el territorio nacional. Ahora todo es euforia y risas pero el futuro está lleno de desafíos.

Hasta aquí el voto de Macri tuvo como factor aglutinante el espanto y el odio. Ambos sentimientos calaron a fondo en la clase media cuando se agitaban con furia las banderas del kirchnerismo, la Cámpora, Milagro Sala, mapuches, piqueteros, transas de paco, peronistas, choripanes, vagos y corrupción como sinónimos en un idioma manipulado por un genio de la comunicación.

Y sirvió. Ahora hay un nuevo camino por recorrer, el del hacer. Ya no habrá acumulación por la negativa, ya está agotada. Hay que sumar por la acción, por la gestión y comenzar a lidiar en una interna que promete ser feroz entre todos los padres/madres del triunfo 2017.

La voluminosa victoria de Elisa Carrió en la ciudad y la tracción formidable de María Eugenia Vidal en la provincia de Buenos Aires les están dando derecho a ambas a reclamar espacios mucho más trascendentes. No deberá sorprender si buscan amoldar las caderas para ocupar una silla en la que sólo se sentaron dos mujeres.

En otra vertiente, Marcos Peña, surge como el gran armador de la estructura y líder de los PRO de paladar negro. En tanto, los aliados de circunstancia también van a reclamar lo suyo completando un escenario en el que la cantidad de actores no podrán ser sostenidos en escena al mismo tiempo.

Por su parte, la oposición está en su punto más bajo debido a la dispersión formidable del voto que mucho más temprano que tarde va a comenzar a concentrarse. La oposición ya no es el peronismo orgánico. Tampoco el kirchnerismo duro. Ni siquiera una liga de gobernadores. Ahora deberá ser un proyecto político alternativo a la derecha gobernante.

Es un espacio que deberá albergar a todos los sectores representativos de una política social inclusiva y de una economía que se oriente a priorizar los interesas nacionales como contraposición a la sumisión y endeudamiento que representa el neoliberalismo hoy avalado por el electorado.

El paso positivo de ese armado se dio el 22 de octubre. Maurice Closs de Misiones, Gildo Insfrán de Formosa, Domingo Peppo de Chaco, Juan Manzur de Tucumán, Lucía Corpacci de Catamarca, Gerardo Zamora de Santiago del Estero, Sergio Uñac de San Juan, Adolfo Rodriguez Saá de San Luis, Carlos Soria de Río Negro, Mario Das Neves de Chubut y Martín Pérez de Tierra del Fuego ya tienen asegurada su silla en la mesa de los armadores del 2019 en la que está reservada otra para Cristina Fernández de Kirchner por el peso de sus 3 millones y medio de votos conseguidos en la provincia de Buenos Aires.

Todos los gobernadores y caudillos de las provincias mencionadas saben que no van a poder coquetear con Macri y van a mantener, con matices, una diferenciación del proyecto presidencial porque si no, las consecuencias serán, invariablemente, las padecidas por Massa y Urtubey, ya definitivamente fuera de carrera dentro del peronismo y de las alternativas viables.

Visto así, la oposición ha comenzado su proceso de reacomodamiento al mismo tiempo que el triunfo lo puso al oficialismo frente a un proceso que promete ser traumático. La aministración de los egos será la clave en ambos márgenes de la grieta. ©eldiario24.com

 


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