26/07/2018

Culturas

Televisión

La serie de Luis Miguel, ¿otro enemigo de la lucha feminista?

Por: Luis Lucas Salas
La historia del cantante reveló sobre todo el sufrimiento y el final trágico de su madre, una desaparición de persona y probablemente un femicidio, que terminó siendo un meme.
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No tiene su sonrisa ni una mirada seductora, tiene el rostro desencajado de tristeza, está sobre el escenario con el traje característico y el micrófono en la mano intentando darle un mensaje a sus fanáticas que gritan enloquecidas y seguramente no escuchan lo que dice, menos pueden reflexionar sobre eso, nadie lo sabe pero acaba de morir su padre mientras él, Luis Miguel, brinda un show en Buenos Aires en el Luna Park, es el año 1992.

Que la serie basada en la vida de Luis Miguel haya sido un rotundo éxito a nivel mundial no es extraño, sin embargo hasta el productor más optimista debe estar sorprendido por los alcances que tuvo esta producción de Netflix que sigue teniendo sus repercusiones ¿Será que ese furor mediático terminará tapando el mensaje humano como aquella noche en el Luna Park?

Fue mucho más que la historia de un ídolo del pop, la producción terminó revelando la intimidad del sufrimiento de un niño con un enorme talento, sumido en medio enormes tragedias. Dos personajes incluso llegaron a superar y eclipsar la imagen del Sol de México, y esos fueron sus padres, Luis Rey y Marcela Basteri.

Las imágenes de ambos ya han quedado bien grabadas en el imaginario de los fanáticos del músico y los seguidores de la serie. El primero se convirtió en uno de los grandes villanos de la ficción, manipulador, alcohólico, cocainómano, estafador, pero dueño de una inteligencia maquiavélica y una lucidez que lo pone en un podio junto a otros grandes malos de la pantalla como Heisenberg de Breaking Bad, Frank Underwood (el político que interpretaba Kevin Spacey en House of Cards) y las muchas versiones televisivas del narcotraficante Pablo Escobar. Todos hombres, a quienes por su inteligencia y capacidad para la estrategia el gran público les ha perdonado las más grandes atrocidades.

Mientras que del otro lado está la mujer, Marcela, de quien poco y nada se sabía hasta hace no mucho tiempo para convertirse ahora en una de las búsquedas más recurrentes de Google, tapa de revistas (sí, aun se venden revistas) y tema central de los programas de chimentos, y la pregunta “¿Dónde está Marcela?” se lee al menos una vez por día en las redes sociales como una humorada recurrente. Ella, la que en vida sufrió los abusos de un hombre que llegó casi al límite de prostituirla, la que perdió a su hijo en la sobra de su padre, y que desapareció para siempre, según las principales hipótesis de forma violenta, es hoy un chiste. Una desaparición de persona, seguramente un femicidio, es material de chiste.

Mientras tanto el hijo ¿Cómo superó todo esto? ¿Qué marcas dejó la tragedia debajo del traje de la estrella pop? Exponer la intimidad de esta manera significa enfrentar demonios del pasado, tal vez cerrar por fin las heridas, el mundo entero supo de su dolor, Marcela volvió a desaparecer pero esta vez ante los ojos del mundo para repetirse millones de veces luego en las redes sociales.

Mientras tanto, se reveló que Luis Miguel cobró 5 millones de dólares para permitir que se cuente su historia, mientras que se reavivó el interés en sus recitales, las entradas aumentaron considerablemente de precio al igual que las reproducciones de su música en Spotify, un premio importante para mitigar la exposición del dolor, casi que parece una movida digna de Lusiito Rey.  ©ElDiario24



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