09/01/2019

Opinión

Por Juan Manuel Aragón

Descartes

Las desventuras de un ciclista ante las dudas, indecisiones y contra marchas de los automovilistas.
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Los peligros de los filósofos que no andan de a pie.

Lo voy a decir bien, educadamente, como corresponde. Aquí son todos filósofos, la mayoría ha hecho de la duda, el motor principal de sus pensamientos y decisiones. Es el famoso “dubium sapientiae initium”, de René Descartes, que traducido significa “la duda es el inicio de la sabiduría”. Según los manuales de filosofía para aprendices, “la duda exige, al menos, disponer de dos opciones, de dos cosas o de dos posibilidades para elegir”.

Veamos un caso.

Montas una bicicleta y sabes que en la calle serás el último orejón del tarro, automovilistas y motociclistas no te registran, colectiveros y camioneros menos. Está bien. Vas en un vehículo que es tracción a sangre por un lugar que se supone que es para los que tienen motor. Si deben doblar en la esquina ni se fijarán en que vienes detrás, se mandarán de una, sin drama, aunque debas frenar de golpe, qué les importa. En los cruces de la autopista para seguir en el mismo carril, esperá a que no venga nadie en lontananza, porque si no, te llevan puesto. Y guay con los que abren las puertas de los autos sin fijarse, porque para ellos sos invisible. Lo aceptas, son las reglas del juego.

Los peores son los que dudan, los indecisos, los que se la dan de filósofos peripatéticos. Casi siempre buscan un lugar para estacionar. Creen que tienen que dejar el auto a menos de diez metros del lugar al que van. Odian las playas de estacionamientos pagadas o caminar más de una cuadra, para eso tienen auto, qué tanto.

Circulan de forma errática, en la próxima esquina ponen el guiño y antes de doblar lo sacan, aceleran cuando ven un hueco, frenan cuando se dan cuenta de que es un garaje y siguen dudando, gambetean el aire un trecho, vuelven a acelerar. Si por ahí hallan un lugar libre, van a los piques como si se lo fueran a quitar y luego se detienen en seco. Y así durante varias cuadras.

Y uno, por detrás, tratando de adivinar cuál será la próxima sorpresa con la que lo tratarán de matar, en el afán de hallar un lugarcito justo en la cuadra de Radio Nacional, cuando todos saben que para estacionar ahí se debe sacar número a las 3 de la mañana. A veces te obligan a ser ese ciclista que parece que espera la mina en una calle cualquiera. Y sos vos, tomando aire para no putear a todos los Cielos, pidiendo que se acabe la duda existencial de los automovilistas, que paguen una playa si total no es tan cara, que se vayan a la recontra concha de su madre, hijos de mil yiras, decídanse de una buena vez y dejen de andar haciéndose los cartesianos con el auto, homicidas del orto. Putos.

Pero filosóficos. ©JuanManuelAragón



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