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25/07/2019

Tucumán

2023 es mañana a la tarde

El recambio de gobernador de Tucumán dentro de cuatro años se disputará con nuevos actores ante el corrimiento de los que fueron protagonistas hasta ahora.
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Osvaldo Jaldo en sintonía con Germán Alfaro.

Apenas han pasado las elecciones en Tucumán y mientras estamos en plena efervescencia por las elecciones presidenciales, algunas cabezas están puestas en el futuro político tucumano y en el escenario que ha quedado dibujado después del 9 de junio.

El recambio de gobernador de 2023 está a la vuelta de la esquina. Será un partido que se disputará con jugadores renovados. Comenzarán a surgir los nuevos nombres que hasta ahora estaban en una segunda línea.

Ya no estará José Alperovich, el hombre fuerte y dueño de la casilla del medio en lo que va del Sigo XXI. Su catástrofe electoral del 9 de junio lo ha corrido del primer plano y virtualmente lo saca de toda aspiración futura, aunque la prudencia recomienda no emitir juicios contundentes y menos cuando de política en Tucumán se trata.

Juan Manzur será otro ausente. Sus dos mandatos lo inhiben al tiempo que aumentan los rumores ensordecedores de que un eventual triunfo de "les Fernández" lo arrancará de la comarca y lo pondrá en un papel protagónico de la política nacional. Si eso sucediera, Osvaldo Jaldo pasará a comandar la gestión y consolidará su armado político territorial.

Del otro lado, ya se cayeron los más renombrados. José Cano, se ha convertido en un derrotado serial. Nunca ganó una elección, por más cargos que haya obtenido. Silvia Elías de Pérez fracasó estrepitosamente en su primer intento de popularizarse. Domingo Amaya quedó desteñido por su performance de saltimbanqui. El único sobreviente de la pléyade opositora es -sin dudas- Germán Alfaro.

Así las cosas, Jaldo y Alfaro son los dos únicos que -por ahora- tienen chances ciertas de proyectarse. En los próximos cuatro años habrá que ver cómo crecen otras figuras, como el caso concreto de Roberto Sánchez desde Concepción o algún otro dirigente que siempre se verá obligado a disputar muchas eliminatorias antes de acceder a las finales.

Jaldo tiene a su favor el manejo del aparato provincial y su habilidad para juntar dirigentes por derecha y por izquierda del justicialismo. Alfaro todavía sufre el exilio del peronismo al que fue condenado por el despotismo de Alperovich que Manzur respetó sin reparos. Se refugió en el distrito más importante de la provincia, arropado por los gorilas nativos pero jamás renegó de su condición de peronista.

Sin sus adversarios dentro de la estructura del peronismo y vigente una relación de amistad con Jaldo, Alfaro tendrá pavimentado el camino del retorno. Institucionalmente le será muy fácil. No es casualidad que su espacio se llame Partido de la Justicia Social, con idéntica estructura al Justicialista y con uns sigla casi idéntica. La histórica vocación frentista del peronismo se encargará del resto.

Lo único que quedará por dilucidar es si la actual amistad entre Jaldo y Alfaro se mantendrá en el tiempo y si la fluidez del diálogo posibilitará un entendimiento entre ambos para definir espacios a ocupar desde 2023 o se enfrentarán en una contienda electoral.

Aunque falten cuatro años, las cabezas ya están puestas como si el 2023 fuera mañana a la tarde.


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