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24/09/2019

Opinión

Hablemos

Importantes banalidades

¿Por qué del agua en singular decimos que es masculina (masculina es palabra femenina, mire usted) y las aguas son femeninas-femeninas? Escribe Juan Manuel Aragón.
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En todo el país sigue habiendo analfabetos, unos más que otros

1 Es divertido el género de las palabras y, al parecer, un asunto completamente arbitrario. ¿Por qué la silla es “la” y no “el”?, es decir, ¿qué tienen de femenino las sillas y las tropas de bueyes (que son machos, aunque castrados) y por qué son masculinos los sillones y el agua?, y ya que estamos, ¿por qué del agua en singular decimos que es masculina (masculina es palabra femenina, mire usted) y las aguas son femeninas-femeninas? Es un secreto que quienes hablamos el español, guardamos celosamente, porque no conocemos muy bien la razón, al menos la gente común y corriente que no estudió lengua. Como bien sabemos además, no tiene nada que ver la terminación de la palabra en “a” o en “o” para ser femenina o masculina. Nos divertimos mucho cuando vienen los gringos y dicen “la caballo” o “el ovejo”. Quienes quieren abolir normas que nos vienen del sánscrito, quizás tengan éxito, pero nos meterán en un berenjenal con el que no podremos comunicarnos, ni siquiera para averiguar qui hore as. ¡Con perdón!
2 Una habilidad de los porteños es deformar el lenguaje e imponer sus monstruosidades lingüísticas al resto de los argentinos. En los últimos tiempos se les viene dando por decir “aprete” cuando corresponde “apriete”. O nadie les enseñó a conjugar: “Yo aprieto, tú aprietas, él aprieta” o las maestras de Buenos Aires fracasaron en sus aulas, pobres chicos. Por las dudas siempre dicen aprete. Los periodistas serios, que trabajan en los diarios, usan bien esta palabra, por supuesto. Los que llevan adelante la titánica tarea de deformarlo son, en general, los prostitutos y prostitutas de la tele, desde un tal Jorge Lanata (cuyos refritos a veces pasan por divertidos) a la Moria Casán, pasando por Marcelo Tinelli, Pampita y el resto de esa runfla descerebrada que quiere imponer sus ideas por medio de la repetición y el hartazgo.
3 En todo el país sigue habiendo analfabetos, unos más que otros, pobre gente, no tuvo oportunidad de ir a la escuela. Pero incluso a ellos les duele el oído cuando sienten a los comentaristas sesudos de la tele cuando escupen “la primer vez”, “la tercer bolsa”. Al parecer es “fashion”, decirlo así. Incluso gente que uno sabe que tiene amor por el idioma como el Chiche Gelblung (trabajó en la revista Gente, en la que exigía muy buena redacción a los periodistas), se hace el de confundirse y habla mal. Debe ser moda. Digo, una puta moda. Con perdón de las señoras y señoros prostitutos y prostitutas.
©Juan Manuel Aragón
https://www.facebook.com/notes/juan-manuel-arag%C3%B3n/importantes-banalidades/10156420420721881/

1 Es divertido el género de las palabras y, al parecer, un asunto completamente arbitrario. ¿Por qué la silla es “la” y no “el”?, es decir, ¿qué tienen de femenino las sillas y las tropas de bueyes (que son machos, aunque castrados) y por qué son masculinos los sillones y el agua?, y ya que estamos, ¿por qué del agua en singular decimos que es masculina (masculina es palabra femenina, mire usted) y las aguas son femeninas-femeninas? Es un secreto que quienes hablamos el español, guardamos celosamente, porque no conocemos muy bien la razón, al menos la gente común y corriente que no estudió lengua. Como bien sabemos además, no tiene nada que ver la terminación de la palabra en “a” o en “o” para ser femenina o masculina. Nos divertimos mucho cuando vienen los gringos y dicen “la caballo” o “el ovejo”. Quienes quieren abolir normas que nos vienen del sánscrito, quizás tengan éxito, pero nos meterán en un berenjenal con el que no podremos comunicarnos, ni siquiera para averiguar qui hore as. ¡Con perdón!
2 Una habilidad de los porteños es deformar el lenguaje e imponer sus monstruosidades lingüísticas al resto de los argentinos. En los últimos tiempos se les viene dando por decir “aprete” cuando corresponde “apriete”. O nadie les enseñó a conjugar: “Yo aprieto, tú aprietas, él aprieta” o las maestras de Buenos Aires fracasaron en sus aulas, pobres chicos. Por las dudas siempre dicen aprete. Los periodistas serios, que trabajan en los diarios, usan bien esta palabra, por supuesto. Los que llevan adelante la titánica tarea de deformarlo son, en general, los prostitutos y prostitutas de la tele, desde un tal Jorge Lanata (cuyos refritos a veces pasan por divertidos) a la Moria Casán, pasando por Marcelo Tinelli, Pampita y el resto de esa runfla descerebrada que quiere imponer sus ideas por medio de la repetición y el hartazgo.
3 En todo el país sigue habiendo analfabetos, unos más que otros, pobre gente, no tuvo oportunidad de ir a la escuela. Pero incluso a ellos les duele el oído cuando sienten a los comentaristas sesudos de la tele cuando escupen “la primer vez”, “la tercer bolsa”. Al parecer es “fashion”, decirlo así. Incluso gente que uno sabe que tiene amor por el idioma como el Chiche Gelblung (trabajó en la revista Gente, en la que exigía muy buena redacción a los periodistas), se hace el de confundirse y habla mal. Debe ser moda. Digo, una puta moda. Con perdón de las señoras y señoros prostitutos y prostitutas.

©Juan Manuel Aragón


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