10/12/2019

Tucumán

¡Urgente!, llegan las fiestas

Escribe Juan Manuel Aragón - (Especial para El Diario 24, de Tucson City).
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Urgente!, llegan las fiestas

Llegan las fiestas de fin de año, las más comerciales porque se vende todo: desde juguetes hasta pollos, pasando por lasclásicas e infaltables lucecitas de colores, pañuelos, perfumes, heladeras, lo que se le ocurra. Es el tiempo de las despedidas, los amigos se saludan como si no se fueran a ver nunca más y en el aire flota la sensación de que el 31 de diciembre a las 12 de la noche llega el fin del mundo. Algunos protestan porque tienen que juntarse con la familia, pero a la mayoría le gusta ver la cara del primo Rolando cuando explica por qué su chango este año también se lleva a marzo hasta hora libre, recreo y tardanza mientras uno cuenta las hazañas del suyo que salió campeón en radbi y sacó diez en geografía. Inteligente me lo ha salido el crío, dirá poniendo cara de satisfecho como si el muchacho hubiera trepado al Everest.

No hay tiempo para nada: todos corren apurados a ninguna parte y son muchos los que quieren solucionar a última hora, lo que no encararon durante el año. ¡Vamos!, que diciembre anda a las disparadas. Los pequeños dramas personales de los compañeros de oficina entrarán en pausa, nadie quiere llegar peleado o disgustado con nadie a las fiestas y menos por esa estupidez de quién usa la computadora primero o quién pone y quién no pone plata para comprar una gaseosa a la siesta.

Pensaremos con una   mezcla de deleite y  sufrimiento en el regalo que tenemos que hacerle a nuestros seres  queridos, la cartera que quiere la esposa,  el libro para el hijo, los zapatos con plataforma para la hija.  Y sacaremos estrictos cálculos para los obsequios de compromiso. Un vino para el jefe, que no parezca barato y que no sea caro, algo que me haga quedar bien pero que no me salga un ojo de la cara, diremos en la vinería, esperando que por cien míseros pesos nos traigan uno de esos que  aparecen en las propagandas, con una modelo finísima degustándolo en medio de un viñedo de Mendoza. Quedar bien con poca  plata es la consigna, pero hay que andar para conseguir algo así.

Tendremos que ir, porque  no queda  otra, a todas esas despedidas de año de los compañeros de oficina, de los muchachos de los jueves de hombres, del laburo número dos también, porque nadie vive de un solo trabajo, de los changos de la gomería, amigos de toda la  vida y de la gente de administración, que este año sí se acordó de que si no les pasas las planillas están muertos y no tienen cómo funcionar.

En casa mi mujer estará sacando cuentas de lo que vamos a hacer con el aguinaldo porque los hijos necesitan ropa y decí que todavía son chicos y no nos piden para salir con los amigos, porque entonces no sé cómo vamos a hacer ni de dónde vamos a sacar. Acostados, mirando el techo, soñaremos despiertos con unas buenas vacaciones en Mar del Plata, las sierras de  Córdoba o aunque más no sea en el Mollar, pero este año también deberemos  conformarnos con un fin de semana en el río Loro comiendo un asadito, porque digan  lo que digan sigue estando dura la crisis.

Muchos  recordarán con una lágrima prendida del costado de los ojos las fiestas de la infancia, saliendo con el padre a comprar cohetes, cañitas voladoras, los abuelos sentados a la mesa de los grandes y uno, peleando con los primos por la rabadilla del pollo o el último sánguche de jamón y queso que queda vivo. Y las lágrimas de los saludos y los abrazos emocionados de los tíos viejos, que  a su vez recordaban los tiempos de antes, con parientes que no llegaste a conocer a pesar de que dicen que sos parecido. Y los novios viniendo  a  buscar, después de las doce, a las tías, que entones  eran jóvenes y lindas y usaban unas  minifaldas de vértigo, marcando sus curvas, contracurvas y correspondientes peraltes.

Las calles y las veredas estarán repletas de las tentadoras ofertas de lo que pidas, para que tengas, guardes, colecciones y atesores. ¿Ya  lo he dicho?, no es Navidad lo que está llegando sino el pinche fin del mundo, diría un mejicano. Hay que correr, disparar, tener el corazón bombeando a 120 pulsaciones por minuto porque no hay tiempo que perder. ¡Son las fiestas!, ¿has visto? Y  con eso no se juega, mucha gente las espera con ansias, porque quizás no haya otra oportunidad de festejarlas.

Y el Niño Dios y Belén y el portal y los pastorcitos y el burro y las  ovejitas y los reyes magos viniendo  de Oriente y la Virgen y San José y la nieve y la estrella señalando el lugar del nacimiento, todo eso sucede  en un rincón olvidado  de la casa. se armó el 8 de  diciembre y se desarmará después del 6 de enero… es  un detalle más que a nadie interesa, si en una de esas es mentira. Aquello que la civilización viene construyendo alrededor del nacimiento del Niño Jesús, si es sin Niño Jesús mejor, pero con el Niño, la Misa  de Gallo hasta las mil quinientas, el sermón en el que nos avisan que hay gente que no tiene cómo comprar ni la mitad del pan dulce que vamos a tirar a la basura, eso no, ¡no!, ¿no vé que estamos  de fiesta? No venga  con esa patraña para enseñar a los chicos a ser buenos. Fin de año es para alegrarse y no  pensar. No vengan con tonterías.

Pero, ¡vamos, que falta poco, hombre, apuresé!

¿Ya compró el peceto para el vitel toné?

©Juan  Manuel Aragón



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