12/01/2020

Opinión

Entre la plusvalía y la Pampita

Escribe Juan Manuel Aragón - (Especial para El Diario 24, de Tucson settlement)
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Entre la plusvalía y la Pampita

Hay una clásica discusión entre los soviéticos y los norteamericanos sobre las bondades del régimen comunista y el liberal. El yanqui habla de las ventajas de la libertad de aquí, las ventajas de la libertad de allá, lo de siempre. El moscovita entonces le pregunta al neoyorquino: “¿Ustedes qué prefieren, sprovotsírovat o shtukaturka?”. El norteamericano duda un instante, se sonríe y responde: “¡Shtukaturka!”. El de Moscú se hace el de pensar un instante y replica: “Esa es una de las libertades de ustedes, eligen entre dos cosas que no saben qué son”. Luego lanza otra pregunta: “¿Quién te gusta más: Cintia Fernández o Pampita Ardohain ?”. El liberal no se achica y responde “¡Pampita, toda la vida, porque es más linda”. De nuevo el otro se hace el que duda y le retruca: “Esa es otra de las libertades que tienen ustedes, de elegir entre dos cosas que jamás van a tener”.

Puestos a ver, el asunto de la plusvalía que esgrime el comunismo no es nada del otro mundo, al menos en estos pagos. Pongamos, ¿cuánto debe ganar el trabajador medio de un campo cualquiera, según la Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores? Los tractoristas y maquinistas de cosechadoras agrícolas deben percibir 26.164,56 pesos y1.152,87 los que laburan por día. A eso descuéntele las cargas sociales y agregue antigüedad, presentismo, título secundario si lo hubiere, salario familiar. Un redondeo grueso, le dará unas 30 lucas por mes, centavo más, centavo menos. ¿Alguien les paga ese jornal? Y sí, puede ser que haya dos o tres patrones que lo hagan, el resto aduce: “No me dan los números” y con eso cierra la discusión.

Pero hete aquí que el trompa cambia la Hilux o la Amarok todos los años y se compra una cero kilómetro, full—full, pero full—full, ¿eh?, siendo que para ir a su campo es todo asfalto y con un Renault Clío, modelo 2000 le sobra. Todos los años se castiga con un viaje a Europa o Miami, al menos un mes, con toda la familia y de yapa su chango cría caballos de polo sólo para diversión, porque no saca un mango de ahí.

Pregunta, ¿de dónde sacael dinero para sus lujos, si no le cierran los números? Respuesta, es la plata que no le paga a sus obreros.

¿Usted sabe qué es la plusvalía? Según Carlos Max es básicamente, el valor no pagado del trabajo del obrero que crea un plusproducto del cual se hace propietario el empresario,originando así la esencia de la explotación o acumulación capitalista, según avisa Google.

Para Marx, históricamente la plusvalía de las clases explotadoras ha sido posible gracias a que también eran dueñas del poder, que era el que posibilitaba que se mantuviera en la esclavitud a millones de personas alrededor del mundo. Pero en la Argentina, el Estado es que el fija los salarios mínimos que deben cobrar los obreros. Según dicen, se sanciona con dureza a quienes no lo hacen. Por lo que cabe concluir que muchos patrones en la Argentina, no solamente son explotadores que roban la plusvalía del trabajo de sus empleados, sino que además están en la ilegalidad.

No, no crea que queremos volver a un contrafáctico comunismo, un régimen que cuando se lo aplicó bien, demostró no tener ninguna posibilidad de generar bienestar y justicia en la sociedad y se basa en un determinismo absurdo, perimido e ilógico. Lo que señalamos es que, las reacciones violentas, que a veces estallan en los pueblos considerados más adelantados, Francia, Estados Unidos, Hong Kong, bajo diversos pretextos, muchas veces surgen de injusticias flagrantes como la que hemos relatado.

El consejo, si es que se me permite en una nota que no quiere pasar por editorial, sería que cuando llegue el momento, trate de estar del lado de los que tiran piedras, porque saben que pagan bien a sus empleados, si es que los tienen y no tienen problema en demostrarlo. ¿Yo, pregunta? Estaré, firme como siempre, con mi maquinita de fotos, tratando de registrar los incendios y desmanes para que usted —amigo lector—no se pierda ni una sola fogata y sepa dónde se harán mañana, así si quiere se da una vuelta para mosquetear.

Pero si le dan a elegir entre la Pampita y Cintia Fernández, no dude, quédese con la patrona que le aguanta los ronquidos, la panza, los eructos, el olor a chivo cuando vuelve del laburo, los flatos, para nombrarlos suavemente, su mamá, sus hermanas, sus amigos No quiera saber la plusvalía que tienen que garpar los ñatos que andan con las minas de la tele. Por lo poco que se vé, son de terror, che.

©Juan Manuel Aragón

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