27/01/2020

Opinión

Un perro no es mi hijo y la mesa no es mi hermana

Escribe Juan Manuel Aragón - (Especial para El Diario 24)
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Un perro no es mi hijo y la mesa no es mi hermana

No me gusta tu perro. Báh, en realidad no me gusta ningún perro. Para mí son bichos serviles, rastreros, bajos, indignos. Está bien, sé que tienes uno y que te parece divino y también estoy seguro de que es tu derecho tener uno o cuatrocientos. Muy bien. Pero no quiero que me toque. Me gustaría que respete mi espacio. Que no me ladre y, si no le hago nada, que no me muerda, por favor. No me gusta que me digas, para justificar el hecho de que pone sus patas en mi ropa o que me huele, que es buenito, no lo quiero cerca, me molesta. Disculpá de nuevo si hiero tus sentimientos, pero no me parece un ser adorable. Para mí es solamente un perro. Sí hemos tenido perro, cuando éramos chicos, pero no eran parte de la familia, tampoco eran prójimos, es decir, eran animales. El perro era perro y ocupaba su lugar, y mientras él dormía en una su cucha, obvio, nosotros lo hacíamos cada uno en su cama. Mi mamá nos hubiera cagado a palos si le pedíamos dormir con el Lobito, el Káiser o el Safari.

¿Sabes qué?, me da un poquito de impresión que me lo presentes como si fuera parte de tu familia, como un hijo. Somos amigos, te conozco de hace mil años, pero cuando me has dicho: ”Este es Hernán, mi hijo”, se me quería caer el alma al piso, hermano ¡porque hagas lo que hagas, es simplemente un perro! No considero una falta de educación no decirte que es hermoso. Si fuera un hijito tuyo, de verdad, o n nietito, te lo alabo, lo toco, le hago gracias, pero a tu pichicho no, discúlpame de nuevo.

Eso de que “más conozco a la gente, más quiero a mi perro” no va conmigo. Más conozco a la gente y más quiero a la gente. Si le pido plata a tu perro no es que no me va a dar, ni siquiera me va a entender. Y si tengo que ayudar a alguien, mejor le doy una mano a un hermano necesitado antes que andar criando animales y llenándolos de tiquismiquis.

No me interesa si es chihuaha, bulldog francés, yorkshire, Pomerania o cruza de barcino santiagueño con camioneta Bedford con un abuelo Rin-tintín y una cuñada Lassie. No quiero saber cómo lo has conseguido, de dónde lo has sacado, quién te lo ha dado, cuánto te ha costado. No me interesa, es una conversación que olvidaré a la cuenta de 4, 3, 2, ¡ya! No me interesan los cuentos de perros, los saltitos que dan o cómo mueven la patita. No son inteligentes. Llevá uno a la escuela y durante toda su vida no va a aprender a dibujar la redondez de la letra “o” ni va a saber cuánto es dos más dos. Inteligentes, avispados, sutiles o graciosos, son los niños, algunos más que otros. Los perrossolamente tienen instinto. Si te gusta bien, si no, agarrá un libro de veterinaria e informate, va con onda.

La verdad es que no me importa qué le das de comer. No quiero saber la marca del alimento ni de qué sabor lo prefiere ni cuántas veces al día desayuna, almuerza, merienda y cena ni el hueso de cuero de chanchoque le has comprado ni cuánto se divierte con sus juguetitos de plástico. Tampoco me importa que le pongas champú, ¿te das cuenta?, champú y crema enjuague para perros, ¡increíble!, y perfume y desodorante y que en invierno lo saques con chaleco y botitas y que tengas una bolsa de viaje y secador de pelo. De paso, te aviso, si me cuentas que lo besas, después me va a costar darte la mano, en serio. Me da mucho asquito ver cómo los besuquean en la boca esos de la tele, pero cosas peores pasan ahí, así que mejor no sigamos con ese tema.

Eso sí, comprale un remedio para que no cague mi vereda ni la del vecino ni la dela cuadra. Hacé como en Buenos Aires, Canadá o París, que cada uno se hace responsable de la mierda de su propio perro. Lo mismo si lo llevas al parque. Porque después va mi hijo y no hay derecho a que tenga que andar pisando el aca de ese bicho. Tu perro, tu mierda o, dicho de otra manera, el aca de tu animalito es tu aca.

No tengo perro. Tengo un patio pero no le da el piné para uno, ni siquiera un susanesco. Es chiquito, no tiene césped y mi mujer riega todos los días unas plantitas hermosas. Para criar uno, mi patio debería medir al menos 50 metros por 50, bien cerrado para que no salga a joder a los vecinos. No conocería mi casa por adentro. Viviría al aire libro, y pasaría las lluvias en su cucha,fabricada con alguna lata grande que halle por ahí. Si me obligan a vacunarlo, lo haría, obviamente. Le daría de comer las sobras, los huesitos del pollo, del pescado, de la carne de vaca o alguna comida cuando se echa a perder. Y sí, va a vivir un poco menos, se va a enfermar más, qué quieres que le haga, son cosas que pasan. Cuando haga un asado en familia o con amigos en el patio, lo voy a tener atado con una cadena, cerca de su cucha. El que quiera acariciarlo, que vaya y lo acaricie, no tengo drama. No lo voy a soltar hasta que se vaya el último invitado. Al que no le guste, que no coma mi asado, no tengo drama. En casa, mi perro tendrá su lugar.

Y no, amigo, no va a ser parte de mi familia. En la lógica que me manejo, son animales, es decir, seres irracionales. Es lo mismo que declarar que la mesa del comedor es mi hermana, las sillas son sobrinas, el ropero de mi pieza es tío por parte de madre, el ventilador es mi padrino, la bacha de la cocina es mi abuelita y el perro es mi hijo.

Gilberto Chésterton decía que iba a llegar el día en que tendríamos que explicar lo obvio. Cuando leí eso, hace cuarenta años, me pareció que era un viejo exagerado. Lo obvio, lo incuestionable, no necesita un esclarecimiento, ahí está, a la vista de todo el mundo. Un mate es un mate, un árbol es un árbol, una casa es una casa, un piojo es un piojo y un perro es un perro. No es un humano, no es posible tener un perro de hijo, el perro es hijo de una perra así como un gato es hijo de una gata y una garrapata es hija de don garrapato padre y doña garrapata madre. Oye, la naturaleza es sabia. Un perro no tiene hijos cristianos porque no sabría qué hacer con ellos, es casi seguro que los comería. Y no me digas que no quedarías impresionado si en la maternidad, acompañando a tu mujer a parir, desde adentro la partera te fuera anunciando: “Ya le salió el hociquito, ahora viene el rabo”. Y que al pegarle el chirlo vivificante, en vez de llorar, ¡ladre! Y vos ahí, llorando como un pavote, porque tu señora ya tuvo el primer cachorrito.

No me gustan los animales. A las cucarachas las piso, a los piojos los espulgo, a los mosquitos los aplaudo, a los ratones los enveneno, a los microbios los curo, a las vacas, chanchos, gallinas y pescados me los como. A los grillos no les hago nada, trae mala suerte matarlos.

Ahora, sácalo al Bobi al patio, así conversamos tranquilos. Porfi.

©Juan Manuel Aragón

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