03/02/2020

Tucumán

La contaminación se combate con medidas de fondo

Escribe Juan Manuel Aragón - (Especial para El Diario 24)
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La contaminación se combate con medidas de fondo

Quizás se podría encarar una  solución definitiva a alguno de nuestros problemas si nos decidimos a hacer una apuesta para terminar con la contaminación de manera drástica. Una buena política, sería impulsar el uso de la bicicleta como medio de traslado. Es uno de los vehículos más baratos del mercado, no intoxica el aire, ayuda a la salud de sus usuarios, es silencioso y no requiere el gasto de combustibles de origen fósil. Petróleo, báh.

Un país que tiene que pagar la fortuna que debemos los argentinos, no puede darse el lujo de que su gente siga gastando plata en vehículos que cuestan mucho dinero. Es lo mismo que deberle al almacenero de la esquina y llorarle pobreza para que no le cobre, mientras a sus hijos no se les cae el Netflix de sus telefonitos. No va.

Algunos países que nos llevan varios años en esto de ser civilizados, como los holandeses, han hecho de la bicicleta casi un vehículo nacional. No se les cae nada por ir de un lado a otro pedaleando, como hacíamos nosotros cuando éramos pobres y no nos daba el cuero ni para un ciclomotor.

Así como a algunos productos se les hace propaganda mostrando a un actor famoso que lo recomienda, sería cuestión de buscarse gente conocida, que se haya pasado a la bicicleta y promueva su uso. De yapa se daría trabajo nuevamente a las bicicleterías de barrio, que tanto te lo enderezaban un cuadro, como te parchaban o inflaban las gomas o martillaban la chaveta.

Y volverían a popularizarse en esta parte del país, las grandes carreras como antaño, cuando ciclistas experimentados hacían doscientos quilómetros de ida, en un día y otros doscientos para  volver al siguiente, movidos  sólo por el deseo de alcanzar el podio o haberse dado el gusto de completar la vuelta. Las famosas, recordadas y nunca bien ponderadas peñas ciclísticas, añoradas por muchos que se formaron en el deporte, siguiendo los consejos de los más viejos, conociendo los caminos sin prisa y a puro pulmón.

Salvo que se pinche, la bicicleta jamás deja de a pie a su dueño. Y si pincha una goma, es mucho  más fácil parcharla que  —pongamos— la de una motocicleta. Todo depende de la distancia a recorrer y la resistencia del usuario,  que puede ir aumentando con el correr del uso diario. Si hay calambres, una banana al día sirve para calmarlos. Y si quiere seguridad, compre un casco y sabrá que va mucho más seguro que un motociclista, porque además circula a menor velocidad.

Para los que conocieron la bicicleta de niños, comprar una es volver a la dichosa edad en que no había obligaciones que cumplir ni cuentas que pagar:   aunque sea por esos momentos, vale la pena usar una, salirse con la suya y volver a calzar los imaginarios pantalones cortos de la feliz y despreocupada infancia. Y cuando no le importe el precio del pasaje en colectivo y le resbale la noticia del aumento de la nafta, agradecerá haberle hecho caso a esta nota.

Si se anima, obvio.

©Juan Manuel Aragón

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