29/03/2020

Opinión

Lugares emblemáticos y la manera de conocerlos

Escribe Juan Manuel Aragón - (Especial para El Diario 24)
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Lugares emblemáticos y la manera de conocerlos

De chico, Carlos Ramírez me llevó una tarde, a conocer el lugar más emblemático de Buenos Aires y quizás de todos los argentinos. Uno, que casi todos visitamos aunque sea una vez en la vida. Y si no estuvimos ahí, le pasamos rozando, por más que nunca hayamos estado.

Carlos estaba casado con la Cuca, una prima de mi mamá, por lo que venía a ser tío político, que es una categoría intermedia entre pariente y conocido. Pero el hombre era tan carnal, tan simpático y campechano, tan nuestro, que era imposible que los sobrinos no lo quisiéramos.

Dos o tres veces en la vida fui a Buenos Aires y siempre me alojé en su departamento de la calle Amenábar, en el barrio de Belgrano. Y me atendieron de diez, a cuerpo de rey, es decir.

Esa vez que le cuento, era niño. Entre lo que recuerdo, con Ramírez recorrimos algunos museos, me mostró las calles, viajamos en subterráneo, comimos una pizza en La Boca. Y con la tía Cuca hicimos un maravilloso viaje a Luján, todo el día paseando felices, conociendo la Catedral, el museo.

“¿Te gusta el tango?”, me preguntó Ramírez al regreso. Le dije que sí, pero no sabía mucho del asunto. “¿Conoces ´Bien bohemio´?”. Respondí que no. Entonces me hizo oir una versión de Julio Sosa: “Estoy en pampa y la vía, // como viola en el empeño, // enfundao en mi tristeza // porque tengo corazón”. Después me anunció que a la mañana siguiente iríamos.

Al día siguiente salimos de la casa, llegamos a la esquina y doblamos para el lado contrario de la avenida Cabildo. Luego de caminar cuatro cuadras, llegamos a una esquina cualquiera. “Aquí estamos”, indicó. Desde mis 9 ó 10 años no entendíanada. Lo miré. “¿Qué dice ese cartel?”, señaló. “Calle la Pampa”, respondí. “¿Y qué hay allá?”, volvió a consultarme. “¡La vía!”. Tomó aire y me anunció de manera pomposa: “Estamos en Pampa y la vía”. Alguna vez había oído la expresión, así que, no sé por qué, me dio algo, como una iluminación, estaba en un lugar que todos nombraban como algo distinto, pero ¡era ahí!

Con los años, supe la historia verdadera de la expresión y que quizás Ramírez no tenía razón. Qué me importa. El descubrimiento de Buenos Aires como una gracia cotidiana, me hizo ver que cada ciudad tiene la suya y quizás en aquel viaje aprendí que debía bucear en Santiago, hallando otro sentido a lo que se mira con los ojos. Algo que está más allá de sus edificios, sus calles, su aire y su cielo.

Nunca más he vuelto a esos lugares de la infancia que se perdieron en una curva de las saudades del corazón cuando se pone memorioso. Cada vez que la vida se empeñó en tirarme en pampa y la vía, para pasar la malaria, fui ideando sitios mágicos en Santiago. Por ellos camino hipnotizado, advirtiendo en las esquinas duendes que no existen, historias que no sucedieron, amores que se truncaron, olvidos de olvidos extraviados.

Qué sabrá ser, ¿no?

©Juan Manuel Aragón         

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