19/05/2020

Opinión

Consejos para no convertirse en un viejo choto

Escribe Juan Manuel Aragón - (Especial para El Diario 24)
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Consejos para no convertirse en un viejo choto

Es otra cosa el asunto, me parece. Cuando te vuelves viejo no es que ya no comprendes los nuevos procesos mentales con que se mueve el mundo o que los otros te comprenden a vos. El drama es que vives un tiempo que no te corresponde. No importa cuánto te esfuerces por parecer joven, actualizarte, vestirte igual, teñirte el pelo o usar las mismas palabras. Ya sos un viejo en el intento de parecerte a algo que no sos.

Dicen que el hombre durante milenios vivió hasta los 34 años. A los 50, si es que llegabas, ya no eras capaz de sostener el escudo ni de caminar largas y fatigosas jornadas para pelear en las guerras, te convertías en un anciano de la tribu, el que aconsejaba a los jóvenes con la perspectiva de los años. El progreso de la técnica y la ciencia era lento: las enseñanzas de los viejos servían a un muchacho que recién salía, lanza en ristre, a cazar búfalos o a matar enemigos.

Hoy se da el paradójico caso de que los alumnos saben más que sus maestros y la ciencia de la enseñanza no avanza de manera eficiente para que los viejos asimilen los nuevos aparatos, cuando ya salieron otros o aquellos tienen nuevos usos que ignoran.

El consejo acerca de cómo ganar una guerra, no sirve cuando se disputan con armas que hasta el año pasado no existían. Ni siquiera valen las advertencias sobre cómo actuar en un baile cualquiera del sábado, si nada es igual, ni la música ni las luces ni las costumbres y no se sabe si la mujer que se entrevió de lejos es mujer hombre, súcubo disfrazado de íncubo u otra cosa.

No es que los jóvenes no entiendan a los viejos o que los viejos no comprendan el mundo, el drama es que quedan fuera de todo. No es la mentalidad o los aparatos, sino el entendimiento de que ya nunca se sabrá por qué suceden algunas cosas. Salvo los valores permanentes, tan cuestionados, obvio, pero serían materia para otro día.

Después hay viejos que dicen que son jóvenes de espíritu, que intentan vestirse o seguir las corrientes actuales. Vestirse a la moda, pretender viejas proezas, tratar de parecerse a niños de 30 ó 40 que tampoco están actualizados: atrás vienen otras generaciones con ideas renovadas.

Envejecer con dignidad es no ser ridículo. La consigna es ser viejo, sí, pero no viejo choto. Y bancarse los achaques.

Juan Manuel Aragón                   

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