28/05/2020

Opinión

Buenos Aires también es el interior, porque no está fuera de la Argentina

Escribe Juan Manuel Aragón - (Especial para El Diario 24)
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Buenos Aires también es el interior, porque no está fuera de la Argentina

Es curioso que los porteños crean que no son parte del interior del país, como si vivieran en una burbuja extra territorial que es parte de la Argentina, pero a la vez no está adentro. Siempre que hablan del interior es como si distinguieran entre la gente que es como la gente, es decir ellos por una parte y por otra nosotros, que venimos a ser la parte inferior de una supuesta pirámide que empieza en la General Paz y termina quién sabe dónde.

Hay obviedades tan patentes que parece estúpido repetirlas cada tanto: el interior somos todos los que vivimos en la Argentina, adentro del país, es decir de las fronteras para aquí, recién de la frontera para allá es el exterior.

Algunos creen que los que no somos de Buenos Aires somos los únicos que tenemos “cantito” para hablar. Bueno, si usted es porteño debería enterarse de que también tienen una tonada muy particular. Lo saben bien, porque a veces imitan a las señoras y señoros gordos de barrio Norte o a la gente de la Boca o Caballito que no habla de la misma manera.

Llama la atención que en las provincias también se use esa discriminación entre los nacidos en la capital y los que viven en otro pueblo. Algo así como el interior del interior. En las provincias molesta un poco la actitud peyorativa y chauvinista con que a veces nos tratan los porteños, pero a su vez tratamos igual a los que no son capitalinos. En Santiago del Estero, muchas veces se dice “shalaco”, en forma despectiva, como refiriéndose a alguien inferior: “Qué quieres, si es un shalaco”.

Muchas veces para nombrar un lugar perdido en el mapa de las provincias, hablan del interior profundo. Como si rebuscaran una media perdida más allá del fondo del ropero, donde la mano apenas alcanza a arañar prendas escondidas o una bolita de naftalina. Bueno, ahí viven esos argentinos de segunda o tercera categoría, que sólo aparecen en las noticias cuando alguien se manda una macana grande o una maestra cruza de a caballo un río crecido, para dar clases. Nunca llegan para asuntos cotidianos: preguntar cómo llevan la pandemia, ver qué hacen para curarse sin médico cercano o saber a qué se dedican todos los días para llenar la olla de puchero.

Oiga, con los adelantos de la ciencia y los telefonitos de mano, a veces nos enteramos al instante qué están haciendo las prostitutas más conocidas de Buenos Aires, como si nos importara de su vida y lo que hacen de la vela y el candelero. Sabemos lo que sucede en Francia o la Conchinchina lo mismo que uno de Buenos Aires medianamente bien informado.

Si escribo desde la Isla Mota en Santiago, de Cabeza de Buey en Salta o Alpachiri en Tucumán, es porque soy del interior, lo mismo que uno que mira la vida desde el piso 15 de un departamento de Puerto Madero.

Y que se cree qué, sólo porque nació allá.

Juan Manuel Aragón                   

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