13/06/2020

Opinión

Al final triunfaremos sobre la corrección política

Escribe Juan Manuel Aragón - (Especial para El Diario 24)
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Al final triunfaremos sobre la corrección política

Justo estaba pensando en los asuntos de la corrección política, cuando un amigo me explica por Whatsapp, con esos escritos que se vuelven repetitivos en las redes de internet, la metáfora de la “herida por un sable sin remaches ves llorar la Biblia contra un calefón”, de Enrique Santos Discépolo, en “Cambalache”. En resumidas cuentas, se dice que en los retretes de los sucuchos públicos de antes, se clavaba una Biblia de las que regalaban los protestantes, cuyas suaves hojas parecían de seda frente al papel de diario, junto al calefón que solían tener esas letrinas. El papel higiénico no existía aún o era un sueño inalcanzable de la civilización de entonces.

Una metáfora que se debe explicar con otras palabras parecería que deja de serlo y se convierte en una pieza de museo. Hay muchos tangos repletos de lunfardo y de referencias a la época, que no se entienden bien si no se conoce el habla popular de aquellos tiempos. Algo parecido sucede con el Martín Fierro, un texto que no vislumbra quien no haya tenido una experiencia campera más o menos profunda. Desde las primeras estrofas el alma moderna que lo encare, debe proveerse de un buen diccionario, so pena de entender menos de la mitad de las sextinas de José Hernández.

Quienes editan El Quijote, suelen poner llamadas en las que explican las palabras o expresiones más complicadas, algo que agradecen los lectores actuales —como este servidor— pues de otra manera se hubieran perdido de disfrutar gran parte de la esa obra, quizás no su jugo esencial, pero sí detalles preciosos.

Hay libros que se deben atesorar antes de que lleguen a ellos las largas garras de la corrección política y los cambien para siempre a fin de no herir los castos ojos de las nuevas generaciones de lectores, educados por prostitutas de televisión, tutoriales de internet y pedagogos iletrados, en ese orden. Dicen que en los Estados Unidos hay nuevas ediciones de los textos de Mark Twain, que se han mutilado para reemplazar algunas palabras que ahora ofenden a los correctos biempensantes actuales, cada vez más feroces con sus censuras a todo aquello que los molesta aunque sea ligeramente.

Y así llegamos al capítulo 10 del Quijote, en que Sancho Panza lanza una exclamación. Dice: “¡Oxte puto!”. Oxte u oste, para la Real Academia, es una expresión que se usa para rechazar a alguien o algo que molesta, ofende o daña.Y “puto”, según el Diccionario Argentino de Insultos, Injurias e Improperios, significa “hombre que tiene trato sexual con los de su propio sexo, por placer o dinero”.

La corrección política se abatirá sobre el Quijote más temprano que tarde con otro zarpazo a la cultura y la tradición para imponer sus feroces maneras, ocultas detrás de su incomprensión del mundo y capaz que lo haga decir “fuera de aquí gay”, que sonará más falso que beso de suegra.

Endemientras, usted y yo continuaremos en la revolucionaria pelea que al final logrará que no hagan pedazos lo que resta de la maravillosa oikoumene que nos dio vida y nos mantiene en nuestro ser.

En Santiago del Estero, día de san Antonio de Padua del 2020.

Juan Manuel Aragón                   

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