29/06/2020

Opinión

Reconocimiento militante para el Chavo del 8

Escribe Juan Manuel Aragón - (Especial para El Diario 24)
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Reconocimiento militante para el Chavo del 8

Hay una telenovela turca que es un bodrio total. Pero muchísima gente la sigue porque cuenta una trama simple, sencilla. Además no hay sexo explícito como en las argentinas, no se enseña que lo que está mal, está bien, no se ven ni se insinúan partes del cuerpo humano que no corresponden con la trama. Arrasa con la audiencia y uno de estos días es casi seguro que muchos hogares, mujeres y hombres frenarán sus tareas diarias para ver el final.

Cuando llegó “El Chavo” a la argentina, atrapó desde el primer instante a una legión de televidentes que no se acostumbraban al humor para depravados que ya era común en la televisión de aquellos años.

Los espíritus inocentes se ponían al servicio de un rato riéndose a las carcajadas con las ocurrencias, personajes de trazos gruesos y situaciones inocentes pero bien tratadas, con muy buen gusto y salidas sencillas. Fueron los preferidos de los argentinos y de otros países hispanoparlantes de todo el mundo. Gracias a ellos se sabe de memoria cómo hablan los mejicanos. Si fuera por Cantinflas, estarían fritos, porque nunca se le entendió un pomo.

Es un programa inmortal de televisión, lo mismo que “El Zorro”. Lo mejor es que cada vez que aparecen en los aparatos de televisión, se sientan a verlo el abuelo, el hijo, el nieto. Todos lo entienden perfectamente. Decían las viejas de antes que en lo simple está el gusto y, al menos en este caso, no se equivocaban.

El telenovelón turco va durando una eternidad contando peripecias interminables de los protagonistas. Lleva más de cuatro años en el aire. Y es seguro que la gente lo mira,porque en tiempos de rating feroz si no fuera así el canal ya lo hubiera levantado.

¿Por qué lo ven? Porque no se trata de un hombre que se viste de mujer y, que embaraza a una mujer que cambió su nombre por el de un hombre, pero se acuesta con otro hombre que parece hombre y se operó para ser mujer. Las últimas telenovelas que se estrenaron en la Argentina eran —súcubos más, íncubos menos— todas parecidas.

A pesar de que los mejicanos le enseñan el camino a los argentinos con “El Chavo”, los norteamericanos marcan un rumbo con “El Zorro” y los turcos arrasan en la pantalla con “Eliff”, los actores, actrices, directores y productores argentinos eligen quejarse porque la televisión de Buenos Aires no pasa programas de ficción locales pero jamás se les ocurre idear un éxito como éstos.

Si les dicen que van a participar de un programa sin sexo, sin mostrar impúdicamente los glúteos de mujeres disponiéndose a fornicar, pensarán que el director de la obra es un loco y que irá al fracaso. Pero ahí están programas de hace mil años, recontra vistos, con chistes viejos y desenlaces esperados, que siguen ganándole a los cráneos de aquí.

Hasta el momento, cada vez que estrenan una novela argentina en la tele, la audiencia apaga el televisor o se pasa a otro canal. Pero para los actores argentinos esto se da porque los televidentes se equivocan mientras ellos tienen razón.

Que se jodan.

¿Mañana a qué hora pasan el Chavo?

Juan Manuel Aragón                   

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