19/07/2020

Opinión

La vieja discusión de los historiadores: quién fundó Santiago del Estero

Escribe Juan Manuel Aragón - (Especial para El Diario 24)
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La vieja discusión de los historiadores: quién fundó Santiago del Estero

Hay discusiones divertidas, vea. Los chicos a veces pelean sobre quién es más valiente, ¿Súperman o Batman? Hasta que le preguntan a un grande, que les avisa la verdad: ninguno existe. Y les pincha el globo.

Como los santiagueños, que desde hace más de 400 años venían debatiendo quién los había fundado. Juan Núñez de Prado o Francisco de Aguirre. Tanto, que se formaron dos bandos,pradistas y aguirristas. Era, lo que se dice, la grieta antes de La Grieta.

Pasa que se había extraviado el acta de fundación. Venía el ñato fundador cortaba el pasto con la espada y haciendo grandes ademanes y rezos y palabras grandilocuentes, daba por hecha la futura ciudad, en ese lugar, se hacía la escritura del acta, se la metía en una calabaza y se la enterraba para quede constancia. Pero se había podrido, imaginesé, y al cabo de un tiempo no la encontraron más. Y si habían sacado copias, estaban perdidas.

La historia es sabida, viene Núñez del Perú y funda el Barco en lo que ahora es Tucumán, de Chile le avisan que no puede, debe correrse más al naciente. Funda el Barco II, calculan que en Salta. Pero también lo hacen que se mande a mudar. Y van a caer en lo que actualmente es la capital de los mistoleros, resultado el Barco III. Llega Aguirre de Chile, lo saca del forro del cu…erpo a Núñez, traslada la ciudad por tercera vez, pero solo un cachito (unas cuantas cuadras, báh) y le cambia el nombre. Pregunta, ¿quién es el fundador?

Bueno, amigo. Los historiadores se tiraban con lo que tenían a mano. El presidente Juan Perón iba a venir a Santiago, para que su visita tuviera más brillo pregunta si había una fecha importante para celebrar. Le responden que no sabían, porque estaba el problemita de los aguirristas y los pradistas. Organizan un congreso, pero los historiadores no llegan a un acuerdo. Agarran y le dan a Perón que laude en el conflicto. El Presidente pregunta quiénes eran los fundadores. Le dicen que Núñez era un buen tipo, muy religioso y Aguirre era un militar de armas llevar. “Que sea el militar”, lauda Perón. Oiga, qué otra cosa iba a decir.

Desde entonces entraron a tallar los legalistas del lado de los aguirristas. Decían que ya había un documento que establecía quién había fundado Santiago. Si les querías debatir te mandaban a una unidad básica y chau. Pero los “pradistas” porfiaban. Decían que un traslado no es fundación, por más que le hubieran cambiado el nombre.

En el medio entra a tallar un historiador de origen radical y pradista obviamente, Luis Alén Lascano. En una conferencia le hacen la pregunta obligada. Y, palabras más, palabras menos, dice que los dos tenían su mérito, Aguirre y Núñez y que en definitiva los santiagueños eran el resultado de lo que empezaron haciendo los dos gallegos. Pero la discusión seguía.

No va a creer, pero un día llega a Santiago el historiador Gastón Doucet diciendo que había hallado en un archivo de Bolvia, en una escritura, una copia del acta de fundación. Avisa que va a escribir un libro dándola a conocer. Pero los años pasan, no escribe el libro y se muere. Pero ya se sabía al menos, que había existía el acta. Los pradistas se acercaban al área rival.

El director del Archivo Histórico de Santiago, Juan Viaña, se va al archivo de Bolivia que había dicho Doucet y ¡zás!, hallala copia del acta. Vuelve a Santiago, muestra el documento, lo da a conocer por todos los medios y al fin ganan los pradistas. Gol. Fin de la historia.

Pero ahora cuando los historiadores santiagueños se reúnen, se pegan una aburrida de aquellas. No tienen de qué discutir. Se miran en silencio, alguno dice “Juan Felipe Ibarra” y todos están de acuerdo. Otro larga “el Gaucho Castro”, pero no les sale nada. El de más allá pregunta “che, ¿qué me dicen de Carlos Juárez?” y el resto se queda callado.

El final sin moraleja es que lo divertido de discutir no es tener razón, sino justamente discutir, debatir, confrontar ideas, mostrar argumentos, acudir a pruebas quizás apócrifas o de segundo orden, juzgar acerca de las razones de los demás y hasta acalorarse para imponer las propias opiniones. Y que Juan Viaña pinchó el globo de una de las más elevadas discusiones de los santiagueños. Porque cuando hablaban de esto, ninguno iba nada en la parada. Es decir, se debatía por el gusto de debatir nomás. Casi como en el Ágora griego.

Ahora los parroquianos del Barquito, el Jockey, Periko´s y otros bares y tugurios alrededor de la plaza Liberad, cuentan los autos que pasan, les dan miguitas a las palomas, se aburren como piojo de muñeca.

Ganaron los pradistas. A menos que en un archivo de Chile…

Juan Manuel Aragón                   

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