05/08/2020

Opinión

El idioma español, complicado de puro gusto en los últimos tiempos

Escribe Juan Manuel Aragón - (Especial para El Diario 24)
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El idioma español, complicado de puro gusto en los últimos tiempos

No es lo mismo decir “se burlan de mi nene en el aula y le han puesto Cabezón”, que protestar ante la psicopedagoga de la escuela porque le hacen “bullying”. Es otra cosa, su chico forma parte de las estadísticas mundiales y cuando sea grande, si sale en la tele, tendrá algo para contar cuando le pregunten de su infancia.

Es como si el español fuera un idioma de segunda. Usted dice “noticia falsa” y es eso nomás, una simple información que falta a la verdad. Pero larga “una feicñús” y al parecer está enunciando una teoría periodística de la san puta. No le digo nada si a continuación nombra a Marshall McLuhan e indica “el medio es el mensaje”. ¡Bueeeno…! ya puede irse recibiendo de intelijudo del barrio. La gente lo mirará con respeto para decir “ahí va un groso, sabe un montón, ¿eh?, no cualquiera nombra a esos ñatos importantes autores de libros y todo”.

Pero algo peor sucede en el propio idioma español, complicado de puro gusto en los últimos tiempos. Antes cualquiera decía “soda” y se sabía de qué se trataba. Las nuevas generaciones sostienen que los antiguos estamos llenos de reglas. Pero en vez de nombrar la soda por su vero nombre, la describen y piden “agua mineral con gas”. Oiga, pues claro, el agua es un mineral, no tiene cómo ser otra cosa. Además el agua con gas siempre fue soda. Deletree, amigo, so—da.

¿Puede haber algo peor? Siempre, amigos. Al agua, la puta, simple, sencilla y clara agua, le dicen “agua mineral sin gas”. Digamé si no es un claro caso de finura alpédica. Más o menos como pedirle al verdulero, que le traiga lechuga vegetal entera. El otro le dirá “obvio, pelotudo”.

Pero por alguna extraña razón, a quienes se burlan de sus semejantes usando estos rodeos para nombrar cosas simples de la vida, los tienen por gente importante. Un ejemplo. Usted va a un restaurante finioli con un amigo ricacho. “¿Qué va a tomar?”, pregunta el mozo. Usted llegó con la garganta seca y, para empezar pide: “Traigamé agua, por favor”. El trabajador gastronómico abrirá los ojos y se quedará quieto, como si le hubieran hablado en chino. Su amigo le dirá, poniendo cara comprensiva: “Agua mineral desgasificada”. Y el mozo recién entonces se hará el de entender. Repito, para esa gente el agua es “agua mineral desgasificada”, el colmo, ¿no cree?

Si le sucede algo así, no se haga problema, los imbéciles son su amigo, el mozo, los cocineros, el lavacopas, el chef, el acomodador de los autos, el dueño del restaurante y todos los parroquianos tirados a grandes personajes, sólo porque destrozan el idioma, pero pagando una fortuna cada plato.

Volvamos al idioma simple de antes, la burla es burla, lo falso es falso, la soda es soda, el pan, pan y el vino, vino. Ya que estamos, las putas, putas y los puntos, puntos.

Y el agua es agua, oiga, a-gua, ¿tan difícil le parece?

Juan Manuel Aragón                   

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