14/08/2020

Opinión

Instrucciones para hacer una buena costeleta

Escribe Juan Manuel Aragón - (Especial para El Diario 24)
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Instrucciones para hacer una buena costeleta

La costeleta debe tener, necesariamente, entre 250 y 300 gramos para que salga bien hecha. Es decir que debe medir más de un dedo gordo. Antes de prepararla, se debe poner la plancha en el fuego, en máximo, durante el transcurso de un buen vaso de vino. El fierro debe quedar a las chapas, como quién dice.

Con la punta del Tramontina hay que lastimar la carne, haciéndole unos agujeritos y por ahí, meterle con prolijidad, astillas del diente de un ajo, que le otorgará a la carne ese gustito definitivo que suelen tener las comidas bien condimentadas. Luego se debe salarla abundosamente de los dos lados. Obviamente quienes sufran de colesterol o tengan la presión alta, deberán abstenerse de probar este bocado magistral de las grandes escuelas de chef de la provincia.

Un rato antes de que la plancha se ponga al rojo vivo, se untará la carne con una buena porción de manteca y, con un rápido movimiento de mano,de ese mismo lado se la pondrá sobre el fierro candente. El ruido que hará (¡¡¡chhhiiisss!!!) y el humo consiguiente, irán abriendo el apetito, lo mismo que el segundo vaso de vino que se tendrá la precaución de ir vaciando despaciosamente.

Cuando la carne comience a sudar sangre por la parte de arriba, es hora de darla vuelta. En ese momento se le agregará una picadura de perejil, albaca u orégano fresco, una pizca de pimienta y si se desea hacer más exquisito el plato, se le pondrá una lonja de queso (cuartirolo nomás), por encima.

Al sacarla, debe tener, necesariamente, una partecita rojiza en el medio y su juguito deberá ser algo menos que sangrante. El buen gourmet come la carne lo más cruda que puede, no espera en el plato una suela de botín de soldado francés muerto en la estepa rusa.

Se acompaña con papas fritas, alguna ensalada bien condimentada, o —esto es una extravagancia para sibaritas netos— puré de batata a la miel, suavizado con crema de leche. El vino deberá ser tinto, de cualquiera de las buenas variedades que se cultivan en la Argentina. Pero si no tiene más que blanco o rosado, da igual, porque no es para pintar.

Como requisito sine qua non, los entendidos sostienen que el postre debe ser el clásico vigilante, es decir queso y dulce de batata.

Dicen que el platillo es uno de los placeres de los dioses del Olimpo. Si no cree, pruebe, amigo, no se va a arrepentir.

Y después cuente cómo le ha ido.

Juan Manuel Aragón                   

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