16/08/2020

Opinión

Costumbre guaranga: agregar limón a la empanada

Escribe Juan Manuel Aragón - (Especial para El Diario 24)
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Costumbre guaranga: agregar limón a la empanada

La carne de la esfija árabe, casi siempre es de cordero cortado a cuchillo, como corresponde. Se la hace abierta por arriba. El nomadismo de este pueblo y sobre todo la falta de leña por los lugares que frecuentaba, lo obligó a aguzar el ingenio y a cocinarla con limón, luego ya no necesitaban tanto fuego para asar la masa.

Según se sabe, la empanada llegó a España desde Persia, llevada por los amigos árabes y de ahí pasó a América, cada lugar le dio su impronta particular, su estilo, su forma y sobre todo su sabor. Aquí en la Argentina es una de las pocas comidas, junto a los sánguches de miga, con permiso para comer con la mano. En algunas reuniones sociales, el ama de casa educada ofrece a sus invitados con una mano la empanada, en un plato o fuente y con la otra la servilleta, pues suelen ser muy jugosas.

De carne de vaca o de gallina, al horno o fritas, en el norte, las empanadas del domingo suelen ser un ritual repetido en muchas casas de la ciudad y el campo. En algunas ocasiones acompañan al asado que vendrá después o son el plato principal y único, ya sea del almuerzo o de la cena.

Pero en los últimos tiempos, muchos tucumanos, por no decir todos, introdujeron un rito guarango sobre la empanada. A saber, le dan un mordisco, pescan un limón con la otra mano y le echan el jugo por encima: una tropelía cochina sin nombre. Para peor, cuando vienen los porteños a la provincia, le cuentan poniendo empaque campesino: “Mire don, se trata de una costumbre tradicional y ancestral del pueblo y blablablá”.

El adjetivo para quienes se comportan de esta manera es “palurdo”, definido por el diccionario: “de poca educación o escasa formación cultural, no sabe comportarse con elegancia y buenos modales en público”.

Si un tonto cualquiera tiene ganas de comer empanadas con limón, nada le impide hablar a la cocinera y decirle: “Querida, a último momento, a la pasta echale medio litro de jugo de limón”. Si es cierto lo de la costumbre cotidiana de los antepasados, cuando la familia esté sentada a la mesa nadie se enojará por el detalle y quizás todos feliciten al ama de casa, que obedeció el dictamen marital.

El gesto de tomar el bocadillo con la mano derecha, pegarle el mordisco, agregarle el limón entrecerrando los ojos para que no le acierte una gotita en el iris y luego sacar una semilla con las uñas, provoca en la sensibilidad de las almas impresionables, un dolor inmenso, cual patada en el centro mismo de los huevos.

Otro día se hablará en esta misma página de la incivil, impúdica, obscena, inculta, malsana y guaranga costumbre argentina de mezclar Fernet Branca con Cocacola y tomarla en público, casi como un chiste de borrachos. Como se sabe, la gente bien educada, en la mesa se limita a beber agua, a lo sumo vino. Y para los chicos, jugo de naranja o granadina, pero solamente los domingos para que no se malacostumbren.

Por hoy, suficiente.

Juan Manuel Aragón                   

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