17/08/2020

Opinión

Un drama singular, la bombilla trancada

Escribe Juan Manuel Aragón - (Especial para El Diario 24)
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Un drama singular, la bombilla trancada

Las mañanas frente a la computadora suelen depararte un temblor leve de contenida frustración cada vez que una pequeña desgracia cotidiana interrumpe tu trabajo: se ha trancado la bombilla, uno de los principales dramas de todo buen mateador argentino.

Nada del otro mundo, les suele pasar casi siempre a los principiantes y a los que van por primera vez de visita a la casa de la novia. Justo cuando, como candidato, estás hablando de graves asuntos campestres con el futuro abuelo de tus hijos, de cacerías, armas, bichos esquivos en bosques espesos, se te tranca la bombilla y adiós compostura.

— A ver, deme joven, antes de que se le quieran salir los ojos de tanto chupar — pide la futura suegra. Y vos le respondías —Deje nomás doña, si es la primera vez que me sucede — nervioso como bagre en Semana Santa. Y no hay caso, sigue cabrero. Peor si soplabas, corrías el riesgo de quemarte las manos con el borbollón caliente de agua que surgiría como la condena de una maldición.

Por eso, a veces reniegas del mate y recuerdas de mala manera a la madre del que inventó las bombillas modernas, propensas a dejarte agitado de tanto pegar chupadas sin que salga una gota del verde elemento.

Esta mañana, mientras te levantas para ir a la cocina a lavar la bombilla a reparar el desperfecto, vas pensando en que es hora de que te pases a otros desayunos no tan propensos a los accidentes fatales: té o café con leche, yogur, cualquier otra cosa.

Pero sabes que te va a acompañar hasta dos pasos antes de la tumba, igual que a tantos que pensaron la vida desde detrás de una bombilla, observando lo que sucedía en la casa del vecino cuando mateabas en la vereda con la patrona.

El es compañero inseparable del estudio, del viaje del camionero, la carpintería y el tambo, la humilde choza y el ostentoso palacio, el escritor de versos y el empresario altivo, amigo de todos los argentinos.

Pero a nadie vas a contar que esta mañana se te trancó el mate, como si fueras la costurerita que dio aquel mal paso y lo peor de todo, sin necesidad.

Juan Manuel Aragón                   

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