24/08/2020

Opinión

Llaman a repiquetear los bombos el 1 de septiembre por San Gil

Escribe Juan Manuel Aragón - (Especial para El Diario 24)
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Llaman a repiquetear los bombos el 1 de septiembre por San Gil

La fiesta en honor a San Gil tiene raíces profundamente santiagueñas, se celebra en un humilde fundo, Sacha Pozo, departamento Banda, el 1 de septiembre de cada año. En esta ocasión, por pandemia, se convida a la gente a repiquetear los bombos de las casas, para celebrar al patrono de los campesinos, los agricultores y fundamentalmente, los pobres.

Como toda fiesta santiagueña, empieza una semana antes, el 25 de agosto, miles de fieles acompañan a la imagen desde Sacha Pozo hasta la capital de los santiagueños o hasta La Banda, la más gris y sucia de las ciudades de la provincia, vistiéndola —más bien poniéndole algo de galanura— con sus cintas y pañuelos rojos y amarillos.

Ese día, antes del alba, a pie o de a caballo, cientos de peregrinos se dan cita en la capilla del santo y caminan los más de 30 kilómetros que los separan de La Banda, pasando por el centro agricultor de la provincia. Desde fincas con canales rumorosos o humildes casas, las familias sacan una mesa con su mejor mantel, para recibir por unos instantes al santo y los vecinos se acercan a la imagen, rezan por su alma y la dejan continuar.

Las seis leguas son recorridas en más de seis horas, mientras la gente espera a la orilla de los caminos para unirse a la procesión, con cintas, banderas, pañuelos, capas, gualdas y rojas, como si en la Argentina todavía flameara la bandera española. El detalle, con más de dos siglos de tradición en la provincia, da cuenta de la supervivencia de algunas costumbres coloniales.

La imagen dormirá en algún templo católico de La Banda o de Santiago y al día siguiente hará el recorrido inverso, siendo recibida en decenas de humildes hogares cuyos moradores festejan el hecho de ser visitados por quien los protegerá de la miseria. Hasta hace unos años llegaba hasta el mismísimo templo de San Francisco, en Santiago. Tronaban los bombos haciendo despertar a las viejas beatitas. Dormidas en sus letanías antes de misa de 7, lo instalaban delante del altar y se aprestaban a pasar la noche, velándolo en el templo de Roca y Avellaneda o durmiendo en los alrededores, en el suelo, esperando la mañana para el regreso.

La fiesta del 1 de septiembre, un día que suele ser casi siempre el más ventoso del año, se forma una de las romerías paganas más grandes de la provincia, después de Nuestro Señor de los Milagros de Mailín (conocido popularmente como “San Mailín”), cuya Fiesta Grande se celebra el día de la Ascensión del Señor, el domingo anterior a Pentecostés, y San Esteban, que empieza en medio del calor atroz, cada 25 de diciembre.

En un amplio descampado se instalan puestos de comidas, juegos de “tire y pegue”, venta de baratijas, no faltan, por supuesto las estampitas e imágenes en yeso del santo y bailes populares lastimando el aire de este rincón de la campaña bandeña con cumbias, chama—merengues y la infaltable guaracha santiagueña.

A eso de las cinco de la tarde, un cura llegado de La Banda oficiará una misa, se sacará la imagen en procesión, casi a las corridas, hasta un canal cercano, para luego dejarla descansar en su capilla hasta el otro año.

Curiosidades. La imagen en yeso de San Gil, es privada, es decir, su dueña es la familia Hoyos—Cobacho. Antaño sufrió presiones para donarla a la iglesia Católica, por eso, cuando en su viaje a Santiago iba entrando en los templos del camino, así el santo visitara a otros en sus altares, siempre había un integrante del clan familiar cerca, por miedo a un “secuestro”.

El 25 de agosto, en La Banda había filas de varios kilómetros esperando en el centro de la calzada para hacerse “pisar” por el santo, una prueba más de que la religión popular, aunque mechada con innumerables gestos paganos y transculturada por la modernidad, aún subyace en el alma de la gente humilde. Llevado en las andas por fuertes muchachos, el santo pasa por encima de los creyentes, quienes se persignan al sentirse pisados por él.

Son historias archiconocidas en el pago, pero este es un diario leído en todo el mundo y por eso se ha creído necesario ilustrar a quienes no sabían de su existencia, de una de las más bonitas costumbres populares de la provincia. Como dice la chacarera “Chackaimanta” en su letra: “Hay una que es la más linda // de las modas de mi pago // quien la quiera conocer // que viva un tiempo en Santiago”.

La cita del 1 de septiembre en Sacha Pozo quedará para el 2021, si se erradica la maldita pandemia.

Promesa.

Juan Manuel Aragón                   

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