31/08/2020

Opinión

Breve esbozo para intentar un retrato del tilingo típico

Escribe Juan Manuel Aragón - (Especial para El Diario 24)
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Breve esbozo para intentar un retrato del tilingo típico

El tilingo es, según la mayor parte de los diccionarios, una persona insustancial, que dice tonterías y suele comportarse con afectación. Y sí, es eso, exactamente. Pero también algo más, ¿no? Es quien vive en la intemperie de las ideas, esperando que alguien piense en algo, para suscribirlo, hacerlo suyo o adscribirse, siempre y cuando una mayoría sustancial, también lo haga.

Vive de afuera para afuera, pendiente de las modas. Su frase favorita podría ser “si está de moda es bueno”, a condición si esa frase también la usan sus amigos. No cuestiona lo de afuera siempre que sea nuevo y usado por gente considerada imitable por otros imitables.

Ese afuera del tilingo, no es sólo el extranjero, sino el afuera de los otros. Si se pone de moda el Che Guevara, no se irá al monte a tomar las armas contra ningún gobierno, al tilingo extremo le bastará con dejarse el pelo largo, calzarse boina, fumar puros y hablar de lo bueno que sería salir a cazar marielitos. El tilingo medio se hará socialista. Y el de baja intensidad se conformará con la remera con la foto de su héroe.

No es fácil pertenecer, la cresta de la ola, por definición, se mueve constantemente hasta convertirse en la espuma de la playa, cuando ya hay otra cresta por detrás. Cuando está volviendo en su tabla de surf, hace malabares para subirse a la próxima, en una constante de su vida. Había gente que en el 99 decía “ahora con Fernando de la Rúa vamos a tener un gobierno serio, habla en inglés y es profesor universitario, no como estos menemistas”. Esa misma gente, en el 2001 pedía la devolución de sus ahorros, en medio del pandemónium del “que se vayan todos”. (Se atribuían haberle ganado al candidato de Carlos Menem, pero “a Fernando lo tumbaron los peronistas”, porque ellos son apolíticos ¿vio?).

Durante muchos años al tilingo le bastaba con comprar la revista “Gente” una vez por semestrepara mantenerse al tanto de las novedades. Su taita mayor era Bernardo Neustadt, con sus cátedras de argentinidad desde las playas de Punta del Este, cuando dictaba cómo y qué se debía pensar, patrocinado por extranjeras, por supuesto. En ese tiempo hubieran escupido sobre Jorge Lanata, que daba clases a la contra de Bernie desde Página 12 y ahora los comanda desde la cresta del buque factoría de Clarín, moderna Gente, pero más vendepatria (perdón por la palabra, era tilinga en la década del 50, ahora es retro).

Se alegró cuando Menem no quiso ir a la segunda vuelta porque perdía, apoyaron a Néstor Kirchner que “por fin nos va a librar de estos peronistas”. Pronto le dijeron, che, la ola no va por ahí. Y como soldadito se alineó en la vereda del frente.

Si hay algo para envidiar a los tilingos es su desmemoria, como la chica que usa pelo corto cuando la moda es pelo corto y cuando viene el pelo largo es su primera fanática. Un tiempo reclaman estricto control de precios y dos semanas después abogan por el libre mercado a ultranza. Piden mano dura, Pinochet y paredones móviles y horas después lloran por la república. En la década del 70 eran trosquistas (se escriba como se escriba), y ahora están con Lilita Carrió. En los 80 se ponían hombreras: ahora son un horror. Así con todo.

Dicen: con los peronistas es imposible discutir, cambian de opinión a cada rato, pero más que un debate les interesa poner sobre la mesa los papelitos de colores de la última moda en ideología, recién salidos del horno de La Nación o los memes de Facebook.

Antaño vivaban a Juan Manuel de Rosas (como los Taboada en Santiago del Estero), y al día siguiente eran de Urquiza de toda la vida y de yapa, fanáticos. En el 89 no lo votaron a Menem, pero luego, cuando entregó al capital extranjero las empresas argentinas, siempre con beneficio de inventario y a precio de ganga, les encantó. Votaron a Rúa y le golpearon ollas, alabaron a Kirchner porque no lo dejó volver a Menem y se enfurecieron cuando su esposa, Cristina Fernández, asumió como Presidente. Se entusiasmaron con Mauricio Macri que terminó su gobierno con actos de peronismo explícito, pero no importaba: lo hacía para ganarle… a los peronistas.

En fin.

Quede este escrito, papel al viento en el universo de internet, con la esperanza de que alguien lo halle dentro de mil años y trate de saber cómo es la única subespecie de homo sapiens que nunca cambió. En la Argentina.

Si lo encuentra, haga un bollo y arrójelo a la basura. Hablar de los tilingos no está de moda.

Juan Manuel Aragón                   

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